Los aficionados celebran la primera victoria del equipo en Ipurua. / ASKASIBAR

Trepidante erupción armera en Ipurua

Otro doblete de Stoichkov y un cabezazo de Leschuk ponen la guinda al primer triunfo en casa tras un vibrante combate

LETIZIA GÓMEZ EIBAR.

Impresionante, sensacional, extraordinario... Son solo algunos de los calificativos que se pueden utilizar para describir el espectáculo que se vivió ayer en Ipurua, donde un Eibar desatado en ataque pudo por fin festejar con los suyos su primera victoria en casa. En un vibrante combate ante un Sporting que se resistió como un animal herido a dejarse el liderato por el camino, los armeros tuvieron que marcar tres goles para solventar las dos veces que los gijoneses fueron capaces de igualar el doblete que había firmado un imperial Stoichkov, pero viendo lo engrasada que está ya la máquina que maneja Gaizka Garitano, si hubiera necesitado dar más mordiscos que el que propinó el tiburón Leschuk, se habría lanzado a la yugular de su rival hasta dejarlo sin sangre.

Porque el conjunto armero fue como un volcán en erupción que hizo temblar de emoción los cimientos de un estadio azulgrana, en el que los 2.400 espectadores que se presenciaron maravillados el partido solo querían que acabara para que los tres puntos se quedaran por fin en casa. Pero el espectáculo fue en todo momento de tal calibre, que habría merecido la pena poder disfrutar de él sin parar.

Con el pitido final y aún con las piernas temblorosas por la explosión de juego que se había vivido, los aficionados eibarreses brindaron henchidos de orgullo por una victoria que catapulta a su equipo a la sexta plaza, tomando posición para asaltar los puestos de privilegio en la próxima cita que le espera el sábado en Lezama (18.15 horas) ante el Amorebieta del ex azulgrana Iñigo Vélez.

Esa será otra batalla, pero ahora toca saborear este fantástico triunfo que tanto ha tardado en volver a repetirse en un Ipurua que se resistía a recompensar el gran despliegue ofensivo del que la escuadra azulgrana ya venía haciendo gala desde el primer día.

3 Eibar

Cantero; Tejero (Correa, m. 64), Burgos, Etxeita (Sergio Álvarez, m. 45), Glaudier, Muñoz, Expósito, Corpas, Toño; Stoichkov (Francisco, m. 77) y Sol (Leschuk. 64).

2 Sporting

Mariño; Rosas (Bogdan, m. 90+1), Babin, Valiente, Kravets (Berrocal, m. 88); Aitor (Puma Rodríguez, m. 62), Gragera, Pedro (Nacho Méndez, m. 88), Villalba, Gaspar (Campuzano, m. 62) y Djuka.

  • Goles 1-0: m. 9, Stoichkov. 1-1: m. 26, Fran Villalba. 2-1: m. 47, Stoichkov. 2-2: m. 63, Tejero, en propia portería. 3-2: m. 75, Leschuk.

  • Árbitro Hernández Maeso. Amonestó en el Eibar a Fran Sol, Corpas, Francisco, Leschuk; y en el Sporting a Kravets, Guille Rosas, Berrocal.

  • Incidencias partido disputado en Ipurúa ante 2.164 espectadores.

Un día perfecto

Por todo, por la inercia positiva con la que llegaba tras lograr su segunda victoria a domicilio en Anoeta, por el escenario y el rival que lo visitaba, era el día y el lugar idóneos para que el Eibar por fin pusiera su primera pica en casa, tal y como lo había subrayado en la víspera el propio Garitano. Y con esa idea en la cabeza saltaron los once que lograron elevar un 0-3 al marcador del estadio realista antes de que la pájara sufrida en la recta final estuviera a punto de malograr el triunfo que se trajeron desde Donostia.

Con los mismos y el mismo dibujo que utilizó allí, los armeros salieron decididos a plasmar desde el principio sus ambiciosas pretensiones, mediante dinámicas aproximaciones tanto por la banda derecha, con Tejero y Corpas bien coordinados, como por la izquierda, con Toño libre de cargas defensivas para subir como una bala.

Una interpretación inicial tan perfecta merecía no solo la ovación unánime de un publico armero encantado con la función que estaba presenciando, sino también un gol pleno de picardía que Stoichkov se apuntó a los nueve minutos de juego cuando apareció de la nada, cual hombre invisible, para birlar una temeraria cesión hacia atrás de Valiente, que acuciado por la presión de Fran Sol, se quiso quitar el balón de encima. El gaditano está en vena sí, pero es fruto del incansable trabajo que hace en todo momento. Y además, tiene calidad y entereza hasta para colarle el balón a Mariño por debajo de las piernas.

El asedio azulgrana bien podría haberse llevado una gratificación mayor, pero abonado a las emociones de todos los colores, el Eibar recibió un bofetón de realidad cuando Villalba aprovechó un mal despeje de Cantero, y ya van unos cuantos, para establecer el primero de los empates con una definición llena de clase.

El conjunto de Garitano quedó descolado y tambaleante y poco faltó para que Djuka enmudeciera Ipurua, pero en cuanto recuperó la compostura, las explosiones piroclásticas que salían disparadas del cráter armero volvieron a elevar la temperatura y la esperanza de los seguidores eibarreses.

Fran Sol se quedó sin el gol que tanto buscó tras errar un par de cabezazos, pero fue él el que se encargó de bajar de cabeza el centro que Burgos colgó hacia el segundo palo para que Stoichkov, el más listo de la clase, lo recogiera y lo mandara al fondo de la portería rojiblanca.

Pero este segundo tampoco fue suficiente, porque espoleado por la rabia, el Sporting volvió a nivelar la balanza, gracias a la fortuna que le acompañó cuando Tejero batió a su propio portero al intentar despejar un peligrosísimo centro de Rosas. El madrileño no tenía otra opción que hacer lo que hizo, porque el Puma esperaba ya con la caña preparada ese balón que iba dirigido a él, pero el lateral tuvo el infortunio de que le rebotó en su rodilla derecha y el balón se fue directo a su portería.

No podía ser. La gran gala que estaba ofreciendo el Eibar no podía terminar así. Y en cuanto Garitano corrigió los desajustes que provocaron el segundo empate, su equipo se volvió a lanzar a tumba abierta para protagonizar una traca final digna del ganador del mejor concurso de fuegos artificiales.

Expósito dejó boquiabiertos a los espectadores con un centro chut que salió rebotado a córner por un defensa. Pero la andanada final la dio Blanco Leschuk, que tras dos testarazos fallidos, iluminó el cielo eibarrés con un tercero que Mariño no pudo evitar que decidiera el combate.