Las tonterías del fútbol

Las tonterías del fútbol
Letizia Gómez
LETIZIA GÓMEZ

Para lo poco que le gusta a Mendilibar acaparar los focos, el de Zaldibar se ha vuelto a convertir en protagonista involuntario del partido de hoy por una espontánea respuesta a una pregunta que ni por asomo esperaba. A nadie le debería sorprender que el entrenador de un club modesto califique de «gilipollez» que se le ponga ante la tesitura de tener que decir cómo calificaría al Eibar si el Atlético de Madrid es, como se quiere vender, «el equipo del pueblo». Bastante que se contuvo para no decir lo que realmente puede pensar, porque entonces ya se habría liado la de San Quintín.

Realmente pensaba que esa frase tan pomposa que se ajusta tan poco a la realidad la había inventado algún periodista que se había extralimitado en su forofismo, porque como humanos que somos nos puede pasar a todos en un momento de exaltación, pero resulta que es el propio Diego Simeone el que tras ganar por la mínima en Butarque afirmó que «social, moral y emocionalmente todavía somos el equipo del pueblo», pese a que la entidad colchonera lleva gastados ya casi 250 millones de euros y todavía no está conforme con lo que tiene.

La mayoría de los humanos tendemos a compararnos con el que más tiene y no con aquel que no tiene ni para comer, y eso es precisamente lo que hace el Atlético de Madrid. Como su presupuesto no llega a la mitad del que maneja el Real Madrid, se atribuye la condición de humilde, dónde y en la sala de prensa del Leganés, que también es su vecino. Hasta al Eibar le cuesta cada vez más defender su condición de equipo de pueblo cuando su cuenta de ingresos y gastos hace tiempo que superó al del Ayuntamiento de la ciudad de representa. Y los rojiblancos lo multiplican por diez.

Tonterías como estas u otras peores, como el coche de turno que estrena Cristiano Ronaldo son las que imperan ahora en el fútbol y quizás lo que hace falta es que haya más gente que, como Mendilibar, se nieguen a perder el tiempo con estas cuestiones y diga 'hasta aquí hemos llegado', Igual si ya tuviera dos victorias en su casillero y viera que las cosas funcionan como él quiere, su respuesta podría haber sido más jocosa aún, pero lo cierto es que no está contento y su horno no está para estos bollos.