Ni tensión, ni velocidad, ni juego

El Eibar corre el peligro de dejarse llevar por la inercia de no saber a qué aspirar en lo que resta de liga

Ibai lanza una foto durante el encuentro frente al Eibar./MORQUECHO
Ibai lanza una foto durante el encuentro frente al Eibar. / MORQUECHO
J.A. REMENTERÍA

El Eibar está bajo mínimos, sumido en una depresión que, menos mal, le ha llegado a estas alturas de la temporada con el objetivo logrado porque, si no, estaríamos temblando. Sexta jornada consecutiva sin ganar, con dos empates y cuatro derrotas, un bagaje que, en otra realidad, sería para estar preocupados. No tiene chispa, le falta esa intensidad que resulta vital para su juego. Sigo insistiendo en que lo que resta de temporada se va a hacer largo, muy largo.

El Alavés resolvió el encuentro a los cinco minutos de comenzar, en una jugada a la contra en la que sorprendió y la bastó para llevarse los tres puntos en juego. Fue tras una internada de Sobrino, jugador que resultó interesante, en la que asistió a Guidetti. El sueco entró desde atrás y al borde del área golpeó esquinado para marcar y otorgar el triunfo a los babazorros.

El Eibar mostró estar en horas bajas y la comparativa con el Alavés fue elocuente. Los vitorianos están con nervio. En las disputas ganaron todas a un Eibar sin alma, sin una de sus virtudes. Mal panorama se le presenta sin esa chispa.

La estadística dice que la posesión fue del Eibar, pero sin profundidad, sin hacer daño a un sólido rival. Pedro León, que es reflejo del momento por el que atraviesa su equipo, fue el único que intimidó a Pacheco. Las faltas lanzadas por el murciano llevaron veneno e hicieron que el guardameta alavesista realizara un par de buenas intervenciones. Fue lo único porque, en el uno contra uno, no desbordó. Orellana e Inui, reemplazados por Mendilibar, se suman a esa nómina de despropósitos. El Alavés hizo su partido, marcó y esperó pacientemente, cerró los espacios y se dedicó a despejar todo aquello que le llegaba al área e intentaba el contragolpe rápido a través de Sobrino, Pedraza e Ibai, bien acompañados por Guidetti que incordió a Arbilla y Ramis. El Alavés aplicó la regla de la solidez, estuvo bien aleccionado en el juego posicional y no cometió errores.

Me encantó Manu García, el ex-jugador del Eibar, dominó el centro del campo junto a Pina. Contundente, superior en el juego aéreo, ganó la partida a Dani García. Los pivotes del Alavés estuvieron por encima de los armeros. La sala de máquinas del Eibar no funcionó e incluso Mendilibar retiró a su capitán para colocar a Jordán en su lugar. No hubo conexión entre líneas porque la velocidad que tiene en este momento el conjunto armero es limitada. En defensa, ese flanco vital y necesario, tuvo sus más y sus menos. Me quedo con el trabajo voluntarioso de Rubén Peña y las asistencias de Juncá. Los primeros minutos del partido fueron inciertos para un Ramis errático, que dio algún que otro susto al intentar salir con el balón e incluso en la disputa con Guidetti tuvo sus dificultades el central eibarrés.

El Eibar no está bien, su juego es romo y se le ve impotente para sumar los puntos en juego. Los azulgranas han pasado en seis jornadas del blanco al negro. El miércoles visitan al Espanyol (19.30 horas) en un desplazamiento complicado. Con seis jornadas por delante es obvio que hay jugadores que requieren un descanso y que puede aplicarse la famosa fórmula de la rotación. El equipo lo pide. Esta semana, contando con el choque de ayer, el calendario ha querido que haya tres partidos. Restan el Espanyol entre semana y el sábado frente al Getafe en Ipurua (13.00 horas). Partidos intensos que requieren alternativas. El Eibar debe buscar motivaciones para desbloquear la cifra de los cuarenta puntos y no caer en la decadencia, en ese dejarse llevar por la inercia de no saber a qué aspirar.

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