Un ritmo de movimientos similar al del año pasado

L. G.EIBAR

Aunque parece que ha pasado un siglo desde que acabó la competición liguera, la falta de noticias en torno al Eibar suele ser la tónica habitual, especialmente desde que el club armero emprendió su política de contratos largos precisamente con el fin de evitar tener que cambiar la mitad de su plantilla cada verano. Por eso, aunque el ritmo de trabajo pueda parecer más pausado que en otras ocasiones, lo cierto es que el año pasado no se conoció el nombre de su primer fichaje hasta el 1 de julio, cuando anuncio la contratación de José Antonio Martínez, curiosamente el único que no se quedó bajo la batuta de Mendilibar.

Después hubo que esperar hasta el 19 para que se concretara la cesión de Marc Cardona por parte del Barcelona, y aún más para que el Eibar cerrara la compra de Sergio Álvarez al Sporting por cerca de cuatro millones de euros.

El siguiente en convertirse en jugador armero fue Pedro Bigas, que el 31 de julio fue cedido por la UD Las Palmas con una opción de compra que el club azulgrana ejecutó nada más concluir la temporada por 3 millones de euros.

Los últimos en llegar se hicieron aún más de rogar aún, ya que Fran Garagarza no cerró el fichaje de De Blasis con el Mainz hasta el 30 de agosto, y se apuró hasta el último día de mercado veraniego, para conseguir la cesión de Marc Cucurella, que dejará dos millones de beneficio cuando el Barcelona haga efectiva la opción de recompra que se guardó.