Riesgo siempre está

Riesgo siempre está
Letizia Gómez
LETIZIA GÓMEZ

La que prometía ser la temporada del despegue definitivo de Marko Dmitrovic, se ha visto truncada por dos lesiones importantes que ya le han llevado a perderse más de la mitad de los partidos consumidos hasta ahora. Me puedo imaginar lo que estará pasando por la cabeza de Yoel Rodíguez, que pidió ser cedido al Valladolid pensando que aquí le iba a pasar lo mismo que el año pasado, y resulta que aún no ha debutado en el campeonato liguero y pinta a que se va a tener que conformar con los cuatro partidos de Copa que disputó en los dieciseisavos de final ante el Mallorca y en la eliminatoria de cuartos ante el Getafe.

Asier, en cambio, prefirió quedarse aún a riesgo de estar siempre sentado en el banquillo, y esa paciencia infinita que ha ido adquiriendo en todos los equipos en los que ha sido suplente, le ha recompensado ya con 11 partidos más el que juega hoy tras la rotura de fibras que padece el meta serbio. Sin una mala cara, siempre con palabras de elogio hacia este club, el debarra siempre está cuando se le necesita. Y a sus 35 años regalando unas cuantas paradas que han salvado varios puntos.

Y aún así tiene que soportar críticas veladas por errores que sí han podido costar puntos, porque cuando un portero canta, las consecuencias suelen ser graves, pero en cambio se perdona más cuando un jugador malgasta una ocasión cantada que también impide sumarlos.

Lo de ser profeta en la tierra de uno también es complicado aquí. Se tiende a dar más calor a los que vienen de fuera, cuando lo normal es que para ellos el Eibar sea un destino para dos o tres añitos, y luego marcharse incluso cuando hay un compromiso de palabra para renovar.

Y Riesgo no solo está y es un baluarte dentro del vestuario. También es el que siempre acepta acudir a los actos de promoción del club que muchos compañeros esquivan, porque aunque el Eibar es el equipo del pueblo, los jugadores no dejan de ser futbolistas de Primera a los que se les puede pedir pero no imponer el compromiso. Atrás quedan aquellos tiempos no tan lejanos en los que era normal toparse en el supermercado con alguno o tomando un café en cualquier terraza con sus familias. Había una conexión que ya apenas existe y eso era algo especial.