Escaso premio en Anoeta para un Eibar arrollador

Escaso premio en Anoeta para un Eibar arrollador

Tras el gol de Juanmi a los 11 segundos, el cuadro armero cercó a la Real hasta lograr un punto corto para su mérito | Joan Jordán evita una injusta derrota azulgrana con un golazo de falta que se hizo de rogar hasta la recta final

Letizia Gómez
LETIZIA GÓMEZ

Anoeta resistió a duras penas a un Eibar avasallador. Muchos equipos probablemente se habrían venido abajo tras recibir un gol a los once segundos de partido, antes siquiera de que los de Mendilibar hubieran podido rozar el balón, pero los armeros convirtieron la desgracia en virtud. Se levantaron, se lamieron las heridas y, una vez recuperada la calma, emprendieron una ofensiva sin cuartel que no cesó hasta que Joan Jordán estableció con un impecable lanzamiento de falta desde la frontal un empate que, a todas luces, se quedó corto a la hora de premiar los méritos de los azulgranas.

Ese golpe franco que el catalán coló por el palo largo de Rulli tras superar la barrera cerraba una extensa lista de tentativas que se saldaron con tres testarazos con mucho peligro de Cardona, un centro chut de Cucurella al que no llegó por poco el ariete catalán, dos palos en sendas acciones diferentes pero prácticamente seguidas y otro par de remates de un insistente Cucurella que también se negaron a entrar en la portería realista.

Tan aplastante fue el dominio de los eibarreses, que la única ocasión de verdadero peligro que se apuntó la Real Sociedad fue precisamente la que rubricó Juanmi para convertirse en el autor del gol más rápido de esta temporada, mucho más madrugador incluso que el que los armeros recibieron en el derbi de San Mamés a cargo de Raúl García a los 50 segundos de partido.

Ni imaginaron vivir un peor inicio, teniendo que digerir un gol que añadía aún más presión a una retaguardia diseñada a base de apaños para cubrir las bajas. En teoría, una acción tan fructífera nada más poner el balón en marcha, tendría que haber dado alas a una escuadra txuri-urdin que, con esa victoria que había encarrilado podía haberse reenganchado a la lucha por alcanzar plaza europea. Pero marcar y borrarse del mapa fue todo uno. No por decisión propia, obviamente, sino por el empuje y la determinación de un Eibar que no se rindió, como tampoco lo ha hecho en ninguno de los partidos del presente ejercicio.

Lo único positivo de encajar un gol tan inesperadamente veloz es que permite disponer de los restantes noventa y tantos minutos para sobreponerse y retomar el mismo plan que habían ideado antes de recibir semejante golpe. Tras unos pocos minutos sin apenas actividad, dedicados a recuperar la calma, el equipo armero comenzó a destapar las esencias que han aromatizado el mejor estilo de juego que se haya visto nunca en Ipurua.

Batuta maestra

El Eibar no pecó de impulsivo, al contrario. Bajo la batuta de un Joan Jordán por el que habrá cola al final de la temporada para llevárselo, los armeros primero se apropiaron del balón y acto seguido también del control y los tempos del partido. El cerebro azulgrana comenzó a circular el balón de un lado a otro y, aunque Orellana no llegó a conseguir abrir brecha por su flanco, los eibarreses encontraron otros caminos directos para hacerle ver a la Real que no tenía ninguna intención de volver a marcharse de vacío del campo de Anoeta.

Tardó 19 minutos en realizar su primer disparo a puerta, pero a partir de ese momento fue el único que buscó la portería contraria de manera incansable. Salvo un remate de Orellana a la salida de un córner y un cabezazo hacia atrás desviado de Cardona, el primer tiempo no deparó más ocasiones claras, pero el 64% de posesión revelaba quién portaba el bastón de mando en el estadio txuri-urdin.

Lo volvió a sacar tras el descanso, esta vez bien agarrado para atizar sin piedad a su rival. Desde que, en el minuto cinco, a Cardona se le marchó fuera un cabezazo hacia atrás tras una espléndida combinación entre Orellana y De Blasis, fue propinando golpes a diestro y siniestro a una Real que tuvo que encomendarse al poste derecho de Rulli para no caer abatida. Habían transcurrido pocos instantes después de que un centro chut de Cucurella se quedara a nada de convertirse en el tanto del empate, cuando Sergi Enrich se llevó las manos a la cabeza después de que el palo escupiera un testarazo suyo a pase de De Blasis.

La desesperación y la rabia fueron en aumento cuando ni un minuto después otro remate seco de Escalante desde la frontal también salía despedido por ese mismo poste salvador de los donostiarras. Y ya cuando, acto seguido, Cucurella mandaba fuera por un milímetro su disparo intencionado, fue inevitable pensar que el Eibar tendría que renunciar a salir de allí sin marcar.

La perseverancia y la inagotable capacidad de lucha de este equipo recibieron su recompensa, a todas luces corta y tardía para los méritos realizados, con un golazo de falta parecido a los que hemos visto en los últimos días de Messi. Fue un gol tan buscado que casi supo como un triunfo que habría acabado con la mala racha de resultados en el feudo donostiarra. Los azulgranas lo celebraron como si hubieran ganado porque la exhibición que dieron sobre el césped les convirtió en los triunfadores morales de la tarde.

Nuevos retos por vivir

Aunque sigue siendo un imposible ganar lejos de Ipurua, el empate obtenido pone el punto y final al discurso sobre una permanencia que nadie ponía en cuestión. Mendilibar y los suyos se han ganado el derecho a disfrutar de las seis jornadas que restan con total tranquilidad, sin más exigencias que las que se impongan ellos mismos por su propia ambición personal.

No hay imposiciones hacia este equipo. Ni siquiera la salvación lo es. La permanencia es y será siempre la meta a cruzar, pero no puede ser un mandato de obligado cumplimiento, porque no hay más que ver los apuros que está pasando el poderoso Villarreal para no irse a Segunda junto a otros equipos que sí eran candidatos a bajar.

Aún quedan retos bien bonitos por vivir, como el que afrontará el próximo sábado ante el Atlético de Madrid, al que no ha ganado nunca, al igual que al Barcelona, que también tendrá que pasar por Ipurua en la última jornada de la Liga, con los culés quizás con su mente centrada en la final de la Champions League prevista para el 1 de junio en el Wanda.

Tarde teñida de negro

Tanto la alegría de los armeros como la decepción de los realistas pasó rápidamente a un segundo plano tras conocerse que Javi Pérez, actual secretario técnico de la Real, que ocupó ese mismo cargo durante varios años en el Eibar, había sido ingresado en el hospital tras haberse visto implicado en un accidente de tráfico múltiple ocurrido por la mañana a la altura de la localidad alavesa de Iruña de Oca. Según informó el club donostiarra, el ermuarra sufrió varias fracturas pero permanece fuera de peligro en el hospital Vitoria.