Ni los problemas varían su idea

J. A. Rementería
J. A. REMENTERÍA

Al final me quedó la amarga sensación de poco premio, sí, de poco premio. Por sus acciones, por su perseverancia, por el juego que desplegó... el Eibar mereció mucho, pero mucho más que un punto porque fue superior y no defraudó. Se presentó en Anoeta siendo el que es, como la misma fachada, jugando como lo sabe hacer, sin racanería y fiel a sus principios. Confiaba en que el equipo no iba a cambiar, con o sin bajas. Mendilibar mantiene su ambición y por ende, evidentemente, contagia a su equipo la vocación ofensiva de no rendirse, de fustigar hasta el mismísimo final al rival, en este caso a una Real Sociedad que, a mi juicio, solo hizo el gol a los doce segundos y no supo qué hacer más.

No voy a hablar de justicias e injusticias, lo he dicho y escrito en infinidad de ocasiones que el fútbol no se mide por parámetros preestablecidos a la hora de impartir méritos De lo que se trata es de meter un gol más que el contrario, el resto está al margen con la concatenación de situaciones que ello puede provocar. No tenía ninguna duda con la permanencia. El punto de Anoeta suma los 40, una cifra inamovible que sirve para incrementar la distancia con los puestos de abajo y asegurar el seguir un campaña más en la máxima categoría, diría que es la sexta. En el derbi de Anoeta, el Eibar expuso abiertamente su filosofía y no se arredró por encajar a los doce segundos el gol de Juanmi. Empezar el partido con la losa de un gol, hace daño, pero en el caso del Eibar fue un indicador de que no se iba a rendir y que llegaría el momento de darle la vuelta. La primera parte pasó sin pena ni gloria. Me resultó un tanto insulsa, sin producción de oportunidades, ni unos ni otros, con muchos marcajes y en particular con disputas particulares como las de De Blasis con Oyarzabal, que salió mejor parado el jugador azulgrana que realizó un buen partido y tuvo la capacidad de anular al peligroso '10' realista. El Eibar, antes del descanso, apenas se empleó en su juego. Sus bandas estaban bien sujetas y tampoco la línea del centro del campo movía al equipo. No puedo pasar por alto el trabajo de la defensa: lo poco que le exigió la Real lo resolvió sin problemas. Los centrales Oliveira y Sergio Álvarez -reciclado de centro campista a central por aquello de las bajas- se asociaron sin distorsión alguna. Sergio Álvarez ejecutó los automatismos defensivos exigidos por Mendilibar; De Blasis y Cote destacaron en ataque pero también a la hora de defender y superaron a sus pares, teniendo presencia ofensiva más en la segunda que en la primera parte.

El gol de Jordán a falta de seis minutos para la finalización del tiempo reglamentario ponía el partido en su sitio. Un equipo debe tener recursos y caracterizarse por ello, y el Eibar tiene sus recursos. Jordán, que es un magnífico lanzador que cuenta con un golpeo letal, además de interpretar bien el fútbol, es ambicioso y tiene hambre por triunfar. Es un jugador en la órbita de varios equipos que ya pujan por él y es uno de los llamados 'vendibles'. Su futuro en el Eibar tiene un tiempo ya muy limitado. Fue un golazo el que marcó. Transformó la falta con maestría. Justo salía en ese momento del banquillo Pedro León y pensé que el murciano sería el encargado de lanzar una frontal en la que es un especialista consumado, pero fue el joven Jordán quien apostó por su confianza. No es el primer gol que logra en una posición similar.

El gol armero fue un premio que se quedó corto. Antes, Enrich y Escalante estrellaron el esférico al palo en un remate de cabeza y un disparo desde el balcón del área respectivamente, pero también Cucurella fue autor de otro disparo que lamió la cepa y Marc Cardona, autor de varios remates que generaron dudas en la Real. Si hubo un equipo, y más en la segunda parte, este fue el Eibar. Tras salir de vestuarios, el cuadro armero dominó de principio a fin a una Real que se vio desbordada y noqueada por la presión y control del balón de los eibarreses. El Eibar no concedió ni un momento de tregua, sabía que para puntuar tenía que llevar la iniciativa, y así lo hizo. En este derbi solo hubo un equipo: el Eibar. La Real perdía constantemente balones, no tenía juego, con un centro del campo débil superado por Escalante y Jordán al que se sumaba esa presión estratégica de la que hace norma Mendilibar. Esa que llega a ahogar y someter al rival. Se veía venir, sí, el Eibar avisó en varias ocasiones, se sentía seguro y no concedía ni un metro a una Real a quien obliga a jugar como quería, a lanzar balones largos en un intento de sorprender pero que en todas las ocasiones incurrían en fuera de juego los delanteros realistas. Una descomunal impotencia embargó a la Real, que no vio manera de imponerse.

El Eibar afrontó con sus bazas y fue fiel a su idea frente a una Real que estuvo a merced de los armeros que en todo instante se mostraron firmes y que en ningún momento renunciaron. El Eibar tiene que mirar al choque de este sábado en Ipurua ante el Atlético de Madrid, otro partido exigente en la antesala de una semana en la que tiene dos salidas consecutivas, a Huesca y Valencia.