El Eibar, con Muñoz en la imagen, sufrió para conservar su renta. / J. M. LOPEZ

S. D. Eibar

Una pájara fruto de la presión

Los apuros padecidos en el último cuarto de hora del derbi en Anoeta reflejan el peso que conlleva la exigencia por lograr el ascenso

Letizia Gómez
LETIZIA GÓMEZ

Que el Eibar terminara pidiendo la hora en un derbi guipuzcoano en el que tras dominar de cabo a rabo al Sanse se situó con un 0-3 a su favor, hizo sufrir más de lo previsto a una afición armera que estaba disfrutando de una gran exhibición de los suyos hasta que Karrikaburu marcó el primer tanto txuri urdin en el minuto 73. Fue en ese preciso instante cuando se activó el botón del pánico que lanzó una señal de alarma que alcanzó su máximo nivel cuando Alkaine redujo al mínimo la renta que los de Gaizka Garitano habían acumulado con solvencia y poderío.

Los sudores fríos que paralizaron de terror a los azulgrana son un claro indicativo de que por mucha experiencia y calidad que tengan los jugadores que han venido, que una vez más quedó patente que tienen y mucha, no dejan de ser humanos que a veces se ven atenazados por la presión que supone la misión a cumplir.

El ascenso es un objetivo que solo tres de los 22 competidores van a conseguir al final de la campaña y es lógico que el cartel de favorito que con razón se le ha colgado al Eibar suponga un peso muerto en momentos claves de los partidos. Gestionar esa exigencia forma parte también del trabajo que el técnico de Derio tiene que ir haciendo, pero las derrotas iniciales cosechadas ante el Huesca y la Ponferradina han supuesto un duro lastre.

Pero, aunque es preciso corregir esos 15 minutos de nervios y fallos defensivos que estuvieron a punto de dejarle sin la segunda victoria de la temporada, también hay que destacar la gran lección táctica que ofreció el entrenador azulgrama, así como el gran despliegue de virtudes ofensivas que está desplegando el Eibar.