S.D. Eibar

Ipurua como tabla de salvación

Mendilibar, en un entrenamiento en Atxabalpe. / ASKASIBAR
Mendilibar, en un entrenamiento en Atxabalpe. / ASKASIBAR

El Eibar se encomienda a su estadio para levantar el vuelo ante un Espanyol que no carbura

Letizia Gómez
LETIZIA GÓMEZEIBAR.

En Ipurua se ultiman de manera frenética todos los detalles para que el domingo el estadio armero luzca en su máximo esplendor tras las intensas obras de remodelación que se han llevado a cabo en los últimos meses. Por exigencias del guion será una botadura sencilla, sin fiesta de celebración que se precie, porque las premuras que se han instalado en el Eibar tras consumir los tres primeros partidos sin una victoria que llevarse a la boca han arrebatado el protagonismo a la ilusión por estrenar un estadio acorde, ahora sí, a las exigencias de Primera.

Ipurua no solo se presenta como la gran tabla de salvación del conjunto armero, que suspira por conquistar aquí los puntos que no ha podido sumar en las tres primeras citas que ha tenido que jugar de manera consecutiva fuera de su campo invadido por las máquinas.

También el Espanyol ve en su visita al estadio azulgrana el clavo ardiendo al que aferrarse para despertar del mal sueño que está viviendo en el arranque de la temporada de su regreso a Europa. Con solo un punto en su haber al igual que los eibarreses, los periquitos no solo no saben lo que es ganar en el presente ejercicio, sino que además es el único equipo del campeonato que aún no ha conseguido marcar. Y por si fuera poco, cuenta por derrotas los dos compromisos que ya ha disputado en su feudo ante el Sevilla (0-2) y frente al Granada (0-3). El sufrido empate arrancado en casa del Alavés no parece suficiente para mitigar los nervios que han arreciado no solo entre la afición periquita, sino también entre sus dirigentes.

Los problemas del Espanyol surgieron justo después de que el equipo catalán certificara su clasificación para la Europa League tras doce años sin viajar por el viejo continente. Aún resonaban los ecos de la celebración cuando Rubi, el gran artífice de este logro, anunció su marcha del club para situarse al frente del banquillo del Betis.

Un éxito con consecuencias

Su repentino adiós no fue, ni mucho menos, la única consecuencia generada por la gran campaña realizada. El propio Betis aprovechó el viaje y también les 'birló' por la nada desdeñable cifra de 28 millones de euros a Borja Iglesias, la principal figura del equipo, autor de 17 goles fueron en gran medida los que propiciaron consecución de la séptima plaza que premiaba con la última plaza europea.

Poco antes también se había despedido Mario Hermoso, el jefe del eje de la zaga periquita, que puso rumbo al Atlético de Madrid dejando otros 25 millones en las arcas del club.

Pero el dinero no da la felicidad y el proceso de reconstrucción está resultando mucho más duro de lo que esperaban. En la entidad se apostó por un hombre de la casa, David Gallego (Súria, 26 de enero de 1972), como técnico del primer equipo, a modo de premio por los éxitos cosechados durante su dilatada carrera como entrenador en las categorías inferiores, además de ser pieza clave en la formación de muchos jugadores que ahora integran la primera plantilla espanyolista.

Sin embargo, el equipo no carbura y ya le han empezado a tomar las medidas del cuello para ajustarle una soga que los dirigentes periquitos ya tienen preparada. La falta de acierto entre los tres palos ha abierto la puerta a la impaciencia y ya hay voces que aseguran que una nueva derrota en Eibar convertiría al barcelonés en el primer entrenador destituido en la categoría.

Han depositado sus esperanzas en el extremo izquierdo argentino Matías Vargas, por el que pagaron 10,5 millones al Vélez Sarsfield, mientras que abonaron otros 8 al Valladolid por el defensa central Fernando Calero, que les costó 8 millones. Pero su gran apuesta es delantero centro ítalo argentino Jonathan Calleri, que pese a que en junio expresó su deseo de seguir en el Alavés, donde anotó 9 goles, finalmente ha recalado cedido en el Espanyol.

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