S.D. Eibar

La inyección de moral que hacía falta para «creer»

Los jugadores del Eibar saludan a la afición tras el decisivo triunfo del jueves ante el Sevilla. / MIKEL ASKASIBAR
Los jugadores del Eibar saludan a la afición tras el decisivo triunfo del jueves ante el Sevilla. / MIKEL ASKASIBAR

La épica remontada firmada ante el Sevilla ha devuelto la sonrisa y la confianza al vestuario azulgrana |

Letizia Gómez
LETIZIA GÓMEZ

Seguramente, José Luis Mendilibar nunca habría elegido una forma tan sufrida de festejar sus 200 partidos oficiales al frente del banquillo del Eibar, pero hay que reconocer que la heroica manera con la que su equipo le dio la vuelta al 0-2 con el que el Sevilla se retiró al descanso, ha supuesto una inyección con dosis extra de confianza hacia su trabajo y también para sus jugadores.

Algunos se empeñan en atribuir la gesta a los fallos hispalenses, como si el Sevilla no se hubiera aprovechado de los errores defensivos de los armeros para anotar sus dos tantos, y afirman que es demérito del grande caer de esta forma, cuando se tildó de épica la remontada del Atlético en el Wanda ante los azulgranas.

Pero por cómo temblaron los cimientos de Ipurua después de que Cote anotara de falta directa su segundo gol como azulgrana (que a diferencia del que marcó en la campaña pasada ante el Betis, esta vez celebró como si no hubiera un mañana), quedó patente que para el Eibar y los más de 5.000 espectadores que acudieron al estadio significaron mucho más que tres puntos que necesitaba como el aire para respirar.

Nunca antes desde que el Eibar está en Primera había conseguido levantar dos goles en contra

Como bien apuntó un emocionado Mendilibar tras lograr normalizar sus pulsaciones, es un triunfo que además de sacarle de los puestos de descenso, sirve sobre todo para «creer» y para desterrar las dudas surgidas sobre su capacidad en las seis jornadas precedentes en las que tan solo habían podido sumar dos puntos.

La fe que mostraron para resurgir de sus cenizas tras verse abrasados por el incendio que provocaron los hispalenses en la primera mitad jugó un papel fundamental, especialmente por el carácter que imprimieron dos jugadores de sangre caliente como Escalante y De Blasis, que a su vez activaron los sensores que permitieron ver al Orellana eléctrico e incisivo que todos ansiaban disfrutar. Contagiados por ese impulso, también se pudo comprobar lo mucho que puede aportar Edu Expósito a poco que se le dé tiempo para crecer, y lo resolutivo que resulta Pedro León, aunque todavía le quede terreno por recuperar para llegar a su mejor nivel. Cote se está acercando a la versión que ofreció el año pasado, Paulo parece haber llegado por fin a donde quería, Diop aguanta carros y carretas, y Quique González garantiza trabajo a destajo. Y lo de Arbilla es de quitarse el sombrero.

Pero fue la mano de Mendilibar la que logró sacar a los suyos del lodo para que luego fueran ellos los que corrieran directos a la cima. Admitió su error en un planteamiento inicial cuyo pilar en el eje de la zaga se tambaleaba y, tras retirar a un Ramis irreconocible, fortaleció una línea medular de la que, a la postre, surgió la metamorfosis que condujo a la remontada, cuando en el descanso no dábamos un duro por ellos.

Una reacción inédita

El cuadro azulgrana se puso en pie cuando peor estaba para protagonizar una reacción inédita, puesto que aunque el año pasado sin ir más lejos consiguió ganar hasta cuatro encuentros que comenzó perdiendo -frente a la Real Sociedad, Alavés, Girona en dos ocasiones, y Rayo Vallecano-, nunca antes desde que el Eibar está en Primera había logrado levantar un 0-2 en contra. Y lo hizo ante el Sevilla, un aspirante a disputarle el título liguero a los favoritos de siempre.

Tras esta victoria que ha sanado muchos de los males que aquejaban al vestuario, los azulgranas quieren que esa sonrisa que han recuperado se prolongue más allá del domingo a las 14.00 horas, cuando comience su siguiente reto ante el Celta.