La imagen de un naufragio

Pere Milla disputa un balón aéreo con Hernán Santana. / AURELIO FLÓREZ
Pere Milla disputa un balón aéreo con Hernán Santana. / AURELIO FLÓREZ
J. A. Rementería
J. A. REMENTERÍA

Naufragio. En mi opinión esta palabra refleja lo que le sucedió al Eibar en Gijón. No hay por dónde agarrar el partido jugado por los armeros. Una auténtica teatralización del despropósito, de absoluta inoperancia frente a un rival necesitado, un rival que quería convencer a su parroquia porque está cuestionado hasta las cartolas, con muchas dudas generadas en todo su colectivo. El Sporting aprovechó la ida de la Copa para rotar, otro tanto hizo el Eibar, pero la diferencia entre unos y otros estriba en que a los asturianos les salió bien mientras que a los armeros el partido les resultó una pesadilla con un fatídico final.

Un primer tiempo que empezó esperanzador y que terminó como 'el rosario de la aurora', un desastre, con un Sporting amenazante y generando ocasiones. A los cuatro minutos se lesiona Jordi Calavera, lateral derecho recién salido de la enfermería y a los treinta y tres se retira, también lesionado, el central Ramis. Dos cambios obligados antes del descanso. No lo entiendo, pero es de preocupar que dos jugadores con el alta en la mano no lleguen a los cuarenta y cinco minutos. 'To be, or not to be, that is the question', primera línea de un soliloquio en Hamlet de William Shakespeare. 'Ser o no ser, ésa es la cuestión' es la traducción. He aquí la duda: 'se está o no se está' y de quién es la responsabilidad, del médico o del jugador con sus sensaciones.

Hay unos números que empiezan a preocuparme. En los tres últimos partidos el Eibar ha encajado siete goles y sólo ha marcado uno, de penalti, ante el Athletic en un partido que mereció más y que dejó buena estela la formación de Mendilibar. Recibir muchos y realizar pocos es, a priori, un balance inquietante. Me produce gracia cuando se habla de la posesión. En el primer tiempo, el Eibar tuvo más que el Sporting, pero por contra, ni puso en jaque al portero gijonés, ni generó ocasiones.

Hablemos de las rotaciones. Era un buen escenario y una gran oportunidad para reivindicarse de algunos jugadores, caso de Marc Cardona y Hervías, pero nada de nada, cero, ni se les vio, tampoco se puede cargar las tintas sobre ellos porque fue un fiasco general de todo el equipo. Mendilibar retiró en el descanso a Diop y puso a Jordán, tengo la impresión que fue una decisión programada. Por salvar, salvaría a Sergio Álvarez que intentó mantenerse firme en el centro del campo.

Nada que objetar de un Riesgo que algunos se han encargado de colocarlo en el ojo del huracán. De más a menos he de reseñar que fue el lateral izquierdo Cucurella, jugador que mostró sus carencias a la hora de perfilarse con la derecha. El primer gol llegó de un mal despeje suyo con la diestra y con una fragilidad defensiva absoluta de Paulo Oliveira. El origen del segundo tanto recae en un error de Arbilla. El Eibar demostró su peor cara en vísperas de recibir el domingo al Alavés. Desde luego el encuentro de Gijón fue toda una exhibición de despropósitos, de que el manido fondo de armario es el que es: visto lo visto, muy limitado. Siendo prácticos, es mejor aparcar la Copa y centrarse en la Liga. Recuperar jugadores y ponerse las pilas en la competición liguera es primordial. La imagen ofrecida ante el Sporting hay que revertirla.

El juego del Eibar dejó lagunas que deben repararse. El derbi ante el Alavés será exigente, como lo va a ser la competición. En un momento del partido Mendilibar se sentó fuera del banquillo meditabundo, ensimismado en sus pensamientos ante lo que estaba observando. Imagen reveladora. El Eibar está resultando previsible, en los choques ante el Celta y el Sporting no ha encontrado el camino deseado, sin transición y con problemas en la zaga.

Decía Mendilibar horas antes de afrontar el duelo de El Molinón que «iremos a Gijón a ganar el partido como si fuera de Liga». La realidad es que en Gijón quedaron al aire algunas carencias que esperamos sean transitorias, que fue una mala jornada en la que todo se volvió en su contra. El remedio es el trabajo y ganar al Alavés para aliviar el dolor producido por las últimas derrotas que han sido muy duras, no ya en sí por sus respectivos marcadores, sino por su imagen.

 

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