Quique festeja su primer gol en Liga con el Eibar junto a Expósito, el otro goleador de la mágica noche. / FOTOS RAFA GONZÁLEZ/PRENSA2

Almería 0 - Eibar 2

Golpe de mano del Eibar para llevarse el cetro

Un equipo armero muy serio y solidario arrebata la primera plaza al Almería con dos sensacionales goles de Expósito y Quique González

Letizia Gómez
LETIZIA GÓMEZ

El Eibar ya está donde quería, en lo más alto de una clasificación que ha revolucionado golpeando donde más duele, en casa del equipo que ostentaba desde octubre un cetro que tuvo que ceder tras hincar la rodilla ante la solidez armera y los sensacionales goles de Expósito al inicio del choque y de Quique González en la recta final.

Un paso de gigante hacia el objetivo y todo un golpe de efecto para la competición que los de Garitano tendrán que refrendar el próximo sábado (18.15 h.) en casa ante el Huesca, con la moral por las nubes tras haber salido victorioso el choque que se presentaba como una final anticipada por alcanzar uno de los dos puestos que premian con el ascenso a Primera.

Así se lo tomaron también los dos técnicos, que pusieron en liza dos equipos eminentemente ofensivos, en los que no faltaron algunas sorpresas, especialmente en las filas azulgranas. Y es que además del esperado regreso de Venancio al eje de la zaga casi tres meses después de que cayera lesionado en el choque ante el Oviedo en Ipurua el pasado 3 de noviembre, en el plan de acción de Garitano destacó la presencia de Quique González en el flanco izquierdo, que ratificó su gran momento de forma certificando la victoria eibarresa con su primer gol en Liga desde que llegó a Ipurua hace tres temporadas. Con el pucelano escorado, la punta de ataque fue para Stoichkov, por lo que Blanco-Leschuk, que ya estaba de vuelta, se quedó esperando su opción en el banquillo.

El técnico armero se había aprendido muy bien la lección y sabía que el líder llevaba cuatro partidos sin poder dejar su portería a cero, lo que venía siendo una de sus grandes señas de identidad. Una grieta en el caparazón indálico que los armeros para dar un puñetazo en la mesa que, sin ser decisivo, sí que puede suponer un punto de inflexión en la competición.

Impulsado por el suculento aliciente de catar por primera vez un liderato que el Almería ostentaba con poderío desde la undécima jornada, el Eibar salió con el mazo para golpear con fuerza a las primeras de cambio.

Dicho y hecho. Pese a que el equipo de Rubí fue el primero en tantear los dominios armeros, a los eibarreses le bastó con su primer acercamiento para que Expósito gritara a los cuatro vientos que habían ido hasta allí a arrebatar el cetro a los indálicos.

Ni siquiera se había cumplido el minuto diez, cuando Toño y Quique armaron una contra imparable que el lateral adornó con un centro al segundo palo que Akieme despejó con apuros ante la presión de Corpas, lo que propició que el rechace cayera a pies de Expósito en la frontal del área. Todo un caramelo para el catalán, que se ha especializado en lanzó proyectiles como el que ajustó al palo largo con un disparo implacable al que Fernando solo pudo seguir con su mirada.

Fue todo un latigazo segador que cortó la respiración de un Almería que, durante los siguientes minutos quedó a merced de un Eibar que desaprovechó dos inmejorables opciones casi consecutivas para seccionar por completo a su rival, después de que tanto la espectacular volea de Quique a centro de Tejero, como el mano a mano de Stoichkov ante el meta rojiblanco se marcharan fuera por muy poco.

Un muro azulgrana

Esa indulgencia resucitó a los andaluces, que espoleados por su público quisieron devolver el golpe, pero las acciones que no desbarató un inconmensurable Yoel, se les fueron al limbo, en gran medida por el solidario trabajo defensivo de los azulgranas.

La tensión que se había respirado en la primera mitad se incrementó aún más si cabe en la segunda, en la que el peligro se concentró durante muchos momentos en el área visitante, donde en esta ocasión la zaga eibarresa trabajó al unísono para proteger con uñas y dientes el gran botín que tenían entre manos. Y cuando no eran ellos los que conseguían achicar balones, ahí estaba siempre Yoel, que resultó providencial al palmear un remate lejano de Juan Villar que llevaba toda la intención de convertirse en el tanto del empate.

Pero el Eibar no había dicho, ni mucho menos, la última palabra con la que silenció el estadio. Cuando más insistía el Almería, el equipo enlazó todas sus virtudes para combinar una acción colectiva que Quique García se encargó de coronar con una volea, que esta vez sí, mandó al fondo de la red para refrendar el gran triunfo del nuevo líder.