Un final que pudo ser peor

Orellana intenta el disparo ante el acoso del sevillista Carriço. /JAVIER NOTANO
Orellana intenta el disparo ante el acoso del sevillista Carriço. / JAVIER NOTANO
J. A. Rementería
J. A. REMENTERÍA

Sensación de rabia a la vez que de una inmensa decepción me invadió al terminar el partido. No me lo podía creer, cómo podía marcharse una victoria cuando todo, absolutamente todo, estaba favor. En un abrir y cerrar de ojos empató el Sevilla y tengo la duda, gran duda, de que si llega a haber más minutos, unos pocos, la derrota era posible. Es la tercera vez que el Eibar va ganando con una diferencia de dos goles y se ve empatado, recuerdo ante el Levante en Ipurua, hace dos jornadas en Butarque frente al Leganés y ayer mismo en el Sánchez Pizjuán ante un Sevilla que lo veía muy negro. El Eibar no entiende cómo se dice en el argot futbolístico eso de 'matar' un partido. No, realmente no va con su filosofía.

En cuatro minutos, 88 y 92, el Sevilla, que estaba más cerca de la derrota, remontó e incluso dio la impresión de estar cerca del triunfo. El final del partido fue un calvario para un Eibar aturdido y totalmente desorientado. Y para más detalles los hispalenses, en inferioridad desde el minuto 84 por expulsión de Éver Banega, apretaron de tal manera que acabaron destrozando a los azulgrana. Machín tuvo el acierto de cambiar el sistema, de sacar a Jesús Navas y Franco Vázquez inyectando así más fortaleza a la banda derecha y centro del campo, además de reubicar a Promes en la banda izquierda, movimientos tácticos que le dieron la razón y fueron claves.

Al Eibar le cuesta ganar fuera de Ipurua, en el 88 se imponía 0-2 ante un rival desesperado pero que tiene en sus filas a grandes jugadores de una calidad extraordinaria que si a la mínima uno se descuida son letales, ayer quedó demostrado. El Eibar fue sorprendido, totalmente sorprendido, jugó como lo sabe hacer, corre sus riesgos y no modifica para nada su guion. Hizo un gran partido hasta esos minutos finales en los que dijo adiós a la victoria y se quedó con el empate. Un trabajo excelente que acabó emborronado. Me queda un sensación contradictoria, fronteriza entre lo dulce y lo agrio, a la hora de valorar el punto que tras ver toda la secuencia del partido hay que darlo por bueno porque el tiempo del descuento fue de auténtica angustia, lo seguí con inquietud porque veía peligrar el partido.

No considero argumento alguno para justificar el desajuste final que sufrió el Eibar con el tiempo que estuvo detenido el juego por la consulta con el VAR para tomar la determinación de anular el gol de Kike García que podía haber sido el tercero, porque realmente estuvo bien anulado. En absoluto, el desmoronamiento fue por acierto del Sevilla y desacierto del Eibar, que no tuvo la clarividencia de defender bien la ventaja que llevaba. Los sevillanos sacaron petróleo en el tiempo residual ante un Eibar que no supo amarrar, que su centro del campo fue poroso y que, tanto en bandas como en la zaga, no se supo sujetar las acometidas de los sevillanos. El Eibar quiso ir a por el tercero y terminó mordiendo el polvo de la decepción.

Un antes un después del minuto 88. En el antes destacar los goles de Orellana y Charles, el trabajo bien hecho de Rubén Peña y el orden generalizado. El segundo gol materializado por Charles fue de bella factura, de manual de estrategia, de jugar con el engaño para clarear el área y marcar, con Jordán efectivo en el saque de esquina, largo y al segundo palo, con arrastre de los defensas para que Arbilla de cabeza asista al hispano brasileño para sumar su décimo gol. De aplaudir. Y una vez más Ramis se retiró lesionado, aguantó 55 minutos. Es una nota negativa que se repite con frecuencia. En fin, aunque fue un mazazo el epílogo de este partido, me quedó con varios datos que tienen su consideración: cuatro jornadas invicto desde que empezara la segunda vuelta, diez goles a favor y cuatro en contra, treinta puntos y décimo. Números con trascendencia en una Liga que está siendo marcada por la igualdad. Este viernes visita Ipurua el Getafe de José Bordalás, que ahora mismo está en puesto de Europa League. Rival complejo, con identidad propia, como el Eibar, convendríamos en calificarlos como equipos de autor.

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