LOBO ALTUNA

El Eibar, camino a Primera

Colorido, kalejira... y resignación

Cientos de seguidores armeros tiñeron Alcorcón de azulgrana como si se tratara de Eibar, pero acabaron desolados

Iker Castaño
IKER CASTAÑO

El que podía ser el viaje más especial de la hinchada armera en toda su historia acabó con un final triste y para olvidar. Un día de colorido y empuje desde la mañana que acabó en resignación tras ver como el Alcorcón retrasaba la fiesta del ascenso.

Hasta nueve autobuses con más de quinientos seguidores completaron su salida desde Ipurua a las 7.30 horas con la confianza de que ayer era el día para volver a derrumbar la puerta de Primera. Mochila grande en mano -que el día era largo-, bufanda colocada y camiseta con el escudo del Eibar bien pegado al pecho, así es como se presentó la afición a una cita que de quedar grabada para siempre. Costará pasar página y más si finalmente no se acaba consiguiendo el objetivo en el playoff.

Pasadas las 10.00 horas hicieron un primer alto en el camino, una parada en Lerma. Soltar piernas, un buen pincho de tortilla o jamón a la boca y otra vez al autobús para afrontar el medio trayecto restante. En pleno almuerzo, las cuadrillas cantaban para amenizar los cuarenta y cinco minutos de espera. Entre ellos, Jokin Alberdi y Josu Guinea con sus hijos, Aner Alberdi, Iker y Edur Guinea. «Hemos venido para apoyar a nuestro equipo, como siempre, con toda la ilusión del mundo», coincidían todos. «Está cerca y no podemos fallar», confiaban a diez horas del choque. Después del partido no podían creérselo. Andoni Camacho, Unai Losada, Ibai Azkaraburu e Iñigo Díaz de Cerio tampoco quisieron perderse esta última jornada dramática.

Los seguidores armeros invadieron las calles y se dirigieron al estadio en kalejira para recibir al autobús del equipo

Un problema técnico en uno de los nueve autobuses retrasó la hora de llegada poco más de media hora, pero en la Gran Avenida de las Retamas (una de las calles principales de Alcorcón) ya se encargaron los demás azulgranas, que viajaban por su cuenta, de dar colorido a la calle. Y no los que portaban las camisetas con colores del Barcelona, que se dejaron ver también un goteo de ellos por la disputa de la final de la Copa de la Reina en el mismo escenario. «Hoy subís y el año que viene volvemos a vernos en Primera», aprovecharon para animarles los culés. Tendrán que esperar.

A las 15.00 horas, la avenida principal, con aires a la calle Toribio Etxeberria de Eibar, fue un auténtico hervidero, con cientos de armeros que buscaron la sombra ante las altas temperaturas para meter algo en el cuerpo y seguir empujando al equipo. Eso, hasta las 18.00 horas, cuando se dirigieron en masa y en kalejira hacia el estadio municipal de Santo Domingo. «¡Que sí, joder, que vamos a ascender!», alentaban. Entre ellos, Iñigo Ivar o Iban Sola, que cogieron la entrada «por Internet a través de la web del Alcorcón por 40 euros. Por este equipo, lo que sea», confesaban. Ellos fueron dos de los trescientos que no pernoctaron la noche del martes a miércoles en las taquillas de Ipurua para conseguir una entrada, al igual que los que las adquirieron vía invitaciones o compromisos. La llegada de la kalejira coincidió con el recibimiento al equipo, en el que se desató la locura con botes de humo, bufandeos y cánticos.

Desde el calentamiento, la marea armera animó a los suyos y cuando empezó el partido parecía Ipurua. «Eibar, juegas en casa», vitoreaban los azulgranas. Los goles del Leganés se celebraron como si fueran propios en la primera mitad, pero el gol del Eibar no llegaba. Eso provocó mucho nerviosismo y sufrimiento, más en el segundo acto.

Se mascaba la tragedia tras los goles del Valladolid y el empate del Almería. Ojos pegados a las pantallas, auriculares conectados a la radio, miradas entre unos y otros... Y cuando lo único que había que hacer era defender el resultado, el Alcorcón retrasó la fiesta final. Cabizbaja, la afición armera dejó Alcorcón sin querer ni poder decir nada.