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Una exhibición de poderío físico

Kike García, en posición acrobática, trata de cabecear entre la maraña de rivales. /MORQUECHO
Kike García, en posición acrobática, trata de cabecear entre la maraña de rivales. / MORQUECHO
J. A. Rementería
J. A. REMENTERÍA

Ni color. Solo hubo un equipo, el Eibar. Con exultante poderío físico y ambición, el Eibar formuló una hipérbole, una exageración de fuerza arrolladora que destrozó al Girona de Eusebio. No le dio ninguna opción, fue una victoria escrita con todos los cánones del fútbol, ganó en todas las facetas el cuadro armero. En los primeros compases inquietó el Girona queriendo sacar provecho de las caídas buscando a Stuani y Portu, trató de sorprender ganando la espalda de Ramis y Arbilla pero ambos defensas estuvieron atentos y no tuvieron el menor descuido. En ningún momento se dejó que el balón llegara al área. El Eibar evitó que el Girona tuviera condiciones idóneas para hacer su juego de salida rápida. No le concedió espacios.

Fueron pasando los minutos, pero a medida que las manecillas del reloj avanzaban, el Eibar empezó a imponer su ley en bandas y centro del campo y el partido empezó a tener más protagonismo en el área gerundense pasando auténticos agobios. De la habilidad de Orellana llegó el primer gol armero. El pase del chileno a Rubén Peña culminó con un auténtico obús del abulense que entró por toda la escuadra. Un gol de bella factura que ponía broche al dominio cada vez más intenso de los hombres de Mendilibar. Pese al control del partido y absoluta superioridad armera hubo una jugada que no se puede pasar por alto: el paradón de Dmitrovic a un minuto del descanso. Juanpe desde el borde del área lanza un derechazo que el guardameta serbio le responde con una intervención de libro. El Eibar se fue al descanso dando una magnífica sensación pero con la convicción de que no podía descuidarse y sabía que no debía dar opciones y así lo hizo en la segunda parte.

Ipurua vivió unos segundos cuarenta y cinco minutos de lujo, con su equipo dominando en el uno contra uno, prácticamente no dejando salir de su parcela al Girona y mandando en las áreas con Orellana, Rubén Peña, Cote y Cucurella en un alarde de redoblar físicamente a sus pares. Con Diop y Jordán que se lo llevaban todo, empujando al equipo en plena sincronización con Charles y Enrich. Apenas empezar la segunda parte y valga como muestra que más de un aficionado se quedó sin ver el segundo gol de Charles que, tras ganar Enrich a Ramalho de cabeza en una disputa, se presentó en la frontal del área para batir a un Bono adelantado. El hispano brasileño picó el balón con extraordinaria sutileza para dibujar una vaselina que levantaba a Ipurua.

El Girona no puso resistencia. Físicamente fue la viva imagen de un equipo extenuado, con evidentes síntomas de cansancio. El hecho de estar en dos competiciones puede que le haya pasado factura, circunstancia que la aprovechó, y muy bien por cierto, el Eibar. «Los equipos pequeños, que somos el ochenta por ciento de los que estamos en Primera, lo notamos cuando jugamos de domingo a miércoles», respondía Mendilibar horas antes al duelo a la pregunta sobre si el equipo de Eusebio podía acusar el partido de Copa frente el Real Madrid. El técnico armero dio con una clave. El Eibar hizo un sensacional partido, Charles marcó de penalti el tercer gol, pena máxima hecha sobre Enrich en una acción combinativa con Charles. Hubo ocasiones para incrementar la victoria con una recreación absoluta del juego azulgrana, especialmente Orellana que en ocasiones acusó de un exacerbado individualismo. Nota alta de todo para todos los protagonistas que hicieron vibrar a una afición que respira más tranquila y que es testigo de una clasificación que fortalece la posición de su equipo, más cerca de posiciones europeas que de descenso. Décimo con 29 puntos en un liga que este año se ha presentado muy, pero que muy igualada. Dos victorias consecutivas en Ipurua, ambas con idéntico resultado de 3-0 ante Espanyol y Girona, y un empate en Leganés en las tres primeras jornadas de la segunda vuelta, es un canto a la reacción en un momento inevitablemente necesario. Este triunfo, sin duda genera confianza para visitar el domingo a un Sevilla que en las últimas jornadas viene mostrando síntomas de flaqueza.

 

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