SD Eibar

Al Eibar solo le cabe mejorar

Los jugadores del Eibar, al fondo, afean al árbitro que pitase el final del partido con el lanzamiento de un córner pendiente./MORQUECHO
Los jugadores del Eibar, al fondo, afean al árbitro que pitase el final del partido con el lanzamiento de un córner pendiente. / MORQUECHO

El inesperado golpe sufrido ante el Huesca debe servir como toque de atención para que el cuadro armero recupere las premisas de su juego

Letizia Gómez
LETIZIA GÓMEZEIBAR.

No hay forma alguna de poner cortapisas a una derrota tan justa y merecida como la que cosechó el Eibar en su estreno liguero del domingo ante el Huesca (1-2). Ni siquiera el claro penalti que el navarro Prieto Iglesias dejó de señalar a los diez minutos de la segunda mitad puede servir de atenuante para justificar el mal juego que desplegaron los armeros en su puesta de largo ante la afición azulgrana. Los de Mendilibar regalaron 45 minutos largos a un rival hipermotivado tras su sorprendente aterrizaje en Primera y ese es un lujo que pocos equipos se pueden permitir en este campeonato. Y, desde luego, el conjunto eibarrés no está entre ellos. Las únicas conclusiones positivas extraídas de este borrón inaugural se reducen al hecho de que, como no puede ser de otra forma, los pupilos del de Zaldibar no arrojaron la toalla hasta que el tiempo llegó a su fin, y que como apuntó el propio técnico, a partir de ahora solo cabe mejorar, porque es imposible hacerlo peor.

La recién llegada escuadra oscense pilló a contrapié a los azulgranas. No había que tener dotes adivinatorias para saber que el Huesca afrontaría su debut con los dientes afilados y los ojos ensangrentados, al igual que ocurre cuando cualquier proletario del pelotón del Tour se deja la vida para defender el maillot amarillo alcanzado tras una escapada. El Eibar tardó demasiado en darse cuenta y se olvidó del trabajo en equipo, un error básico que no se debe repetir y que le costó marcharse al descanso con un 0-2 en contra en el marcador, y lo que es peor, dejando en el ambiente una sensación de preocupación.

De no haber sido por dos grandes intervenciones de Dmitrovic, primero al desbaratar un mano a mano a Cucho Hernández y en la segunda mitad al repeler con la pierna un remate de Moi Gómez que también iba hacia adentro. En cualquier caso, el serbio ha tenido tardes mejores que la del domingo. Los principales palos volvieron a caerle a la retaguardia, pero pese a que salvo Rubén Peña no es posible salvar a ningún otro de la quema, sus cuatro componentes no fueron ni mucho menos los únicos responsables del desaguisado.

La falta de solidaridad privó al Eibar de su principal arma, el trabajo en equipo

Falta de solidaridad. Si algo recalca siempre Mendilibar es que el trabajo defensivo de su equipo empieza por sus dos atacantes, y Sergi Enrich y Kike García no fueron capaces de dificultar la salida de balón. Los siguientes que deben reflexionar sobre su actuación fueron los extremos, que no cumplieron con su cometido de escoltar y ayudar a una pareja de pivotes que se vieron totalmente superados por el orden y la conjunción de un rival que se fue creciendo por minutos. Al menos Orellana se entendió bien con Rubén Peña y el escaso peligro generado por el Eibar en la primera mitad llegó precisamente por su banda derecha, porque el papel de Bebé fue sencillamente irrelevante, y no es precisamente el mejor camino que podía haber elegido el portugués para ganarse una plaza en el plantel que aún sigue en cuestión.

La entrada de Charles y en especial la de Gonzalo Escalante ayudó a que el equipo eibarrés mostrara una imagen más incisiva que alimentó la esperanza de poder evitar una derrota que no entraba en los planes, pero el tanto conseguido por el argentino precisamente dos minutos después de que el árbitro no quisiera acudir al VAR para analizar la caída de Sergi Enrich en el área aragonesa, resultó insuficiente. Los armeros dispusieron de otros 33 minutos más la prolongación para tratar al menos de salvar un punto, pero la única ocasión clara que se vio después la desperdició Hernández al rematar fuera ajustado al palo cuando tenía toda la portería libre. Aunque fuera de forma ineficaz, el Eibar no dejó de intentarlo y eso es lo único con lo que se quedó Mendilibar.

Los aficionados azulgranas se habían acostumbrado a que su equipo les brindara excelentes resultados iniciales que siempre reportan confianza y optimismo, y el 1-2 frente al Huesca les ha pillado con el pie cambiado. Y es que a excepción de en la tercera campaña, en la que arrancó con una derrota in extremis en el feudo del Deportivo, en el resto de sus partidos inaugurales firmó remarcables triunfos. Para la historia quedó aquella victoria por la mínima en el debut en Primera ante la RealSociedad con un gol de bandera de Javi Lara e igual de reconfortante resultó el 1-3 firmado en Los Cármenes ante el Granada. El 2-1 que se trajo de Riazor en el arranque de su tercera andadura escoció, pero no generó ni de lejos las dudas que ha provocado perder ante el Huesca, mientras que el año pasado se estrenó con una tranquilizadora victoria en Málaga gracias a un tanto de Charles.

Cuando se hizo público el calendario, el Eibar vio que tenía una inmejorable ocasión para tratar de acumular un buen número de puntos antes de llegar al primer parón liguero del fin de semana del 8 y 9 de septiembre. Frustrada la primera oportunidad, ahora le restan el choque del viernes (20.15 h.) en Getafe y el derbi ante la Real fijado para el 31 de agosto.

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