El Eibar se estrena con derrota

Los armeros no han conseguido remontar los dos goles de Alex Gallar, pese a que Escalante acortó distancias

Bebé pelea un balón con Melero. /EFE
Bebé pelea un balón con Melero. / EFE
Letizia Gómez
LETIZIA GÓMEZ

Cuando se empieza con el pie izquierdo y se tarda demasiado en poner el derecho, lo habitual es darse de morros contra el suelo. Y eso es precisamente lo que le ocurrió al Eibar en su primer partido liguero ante un Huesca que no solo jugó con el corazón a mil revoluciones, sino también con una templanza y un saber estar inusual para un debutante. Cogió más que desprevenido a un cuadro armero que no reaccionó tras el madrugador gol de Gallar a los cinco minutos de juego y que tampoco supo digerir el tanto que el extremo catalán anotó de falta a cinco minutos del descanso. La reacción posterior con el remate seco de Escalante mediada la segunda mitad resultó tardía e insuficiente.

Con los del año pasado

89 días después de rubricar la mejor temporada de la historia, José Luis Mendilibar quiso inaugurar este nuevo campeonato con un equipo en el que todos los elegidos ya sufrieron y disfrutaron con él los vaivenes vividos en el pasado ejercicio. Durante todo el verano se había empeñado en recalcar lo importante que era que el club hubiera logrado mantener el grueso del bloque que él había pulido con mimo.

De ahí que no extrañara que el de Zaldibar se decantara por situar bajo palos a Marko Dmitrovic, el portero en el que confió y que tan bien le respondió en la anterior campaña, una decisión que irremediablemente relega a Yoel Rodríguez al banquillo. Solo el tiempo dirá las consecuencias que deparará esta decisión, pero obviamente gestionar bien esta situación será clave para mantener la armonía en el vestuario.

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En el resto de la alineación estaban los esperados, con Paulo acompañando a Arbilla en el eje de la zaga, y con Jordán formando pareja en el doble pivote con Diop. La gran sorpresa, aunque es un calificativo que se debe entrecomillar porque ha sido uno de los destacados en la pretemporada, fue ver a Bebé en ese extremo izquierdo en el que hasta ahora casi siempre estaba Takashi Inui. Con el portugués en ese flanco, Orellana pasó a la derecha para encargarse de surtir desde ahí de balones a Sergi Enrich y Kike García, los delanteros de cabecera del preparador vizcaíno.

Sin embargo, ninguno de los componentes de la zona ofensiva armera pudo entrar en juego durante muchos minutos del choque, porque al Eibar le costó recomponerse al abrupto inicio de partido que provocó el desmedido y previsible brío con el que el Huesca afrontó su histórico estreno en Primera. Era de esperar que los oscenses salieran a comerse el mundo, empujados por la ilusión y la fuerza que da verse en la máxima categoría, pero por muy avisados que estuvieran, los eibarreses se vieron desbordados.

1 Eibar

Dmitrovic; Peña, Arbilla (Bigas, m.78), Paulo, Cote; Orellana, Diop, Jordán, Bebé (Escalante, m.55), Enrich y Kike García (Charles, m.46)

2 Huesca

Werner; Miramón, Etxeita, Jorge Pulido, Luisinho; Moi, Melero, Damián (David Ferreiro, m.89), Gallar (Ávila, m.69); Longo y 'Cucho' Hernández (Semedo, m. 76).

GOLES
0-1, m.5: Gallar. 0-2, m.40: Gallar. 1-2, m.69: Escalante.
ÁRBITRO
Prieto Iglesias (colegio navarro). Amonestó al local Jordán (m.50) y al visitante Longo (m.93).
INCIDENCIAS
0-1, m.5: Gallar. 0-2, m.40: Gallar. 1-2, m.69: Escalante.

El Eibar sabe por propia experiencia el daño que provoca ponerse por delante en el marcador nada más comenzar y por eso mismo resultó asombroso que Gallar, un joven de 25 años cuyo currículo profesional se reduce a seis campañas en Segunda B y la del pasado año en la categoría de plata, se pudiera adentrar con tanta facilidad en el área azulgrana cuando solo habían transcurrido cinco minutos de partido, que dejara atrás a jugadores de tanta experiencia como Cote y Arbilla, y que pudiera rematar sin oposición para batir a Dmitrovic con un disparo seco que se le coló bajo sus largas piernas.

Pero es más inexplicable aún que el Eibar tardara una eternidad en mostrar su capacidad de reacción, en sacar su orgullo a relucir para tratar de darle la vuelta a la situación cuando le quedaban por delante otros 85 minutos largos. Pero cuando los atacantes no son capaces de aguantar ni un solo balón, cuando los centrocampistas se ven superados por arriba, por abajo y por los lados, y cuando la adelantada defensa también regala huecos, el fútbol puede ser todo un suplicio.

Y eso es lo que fue toda la primera parte para los armeros, que no cogieron un solo rebote, que no dieron un pase a derechas y que para colmo, se encontraron con que Gallar, el mismo que les había dejado en evidencia al principio, aprovechó que estaba tocado con una varita mágica para colar un lanzamiento de falta desde la perpendicular del área que nadie fue capaz ni de rematar ni de despejar, y que precisamente por eso sorprendió por completo a Dmitrovic.

El descanso fue como un funeral, en el que algunos aficionados ya sugerían titulares dramáticos cuando faltaba toda la segunda parte y otros 37 partidos por disputar. Urgía ver a un Eibar con el cuchillo entre los dientes, rabioso por decirle al Huesca que el club armero no lleva cinco años seguidos en Primera por pura casualidad. Pero los aragoneses estaban tan crecidos por ese 0-2 que campeaba en el marcador que se plantaban en el área armera casi por inercia, como le ocurrió a Moi Gómez, que no marcó el tercero porque el meta serbio sacó la pierna para evitarlo.

Penalti no pitado a Enrich

La suerte de los locales pudo haber empezado a cambiar si el árbitro se hubiera dignado a ver la repetición del derribo que sufrió Sergi Enrich por parte de Musto. Pero justo después de que al Huesca se le anulara un gol por una clara falta de Cucho Hernández a Rubén Peña fue cuando se pudieron percibir los visos de una ansiada respuesta azulgrana, con un remate de Orellana que se marchó fuera por muy poco y, sobre todo, con gol de Escalante cuando aún quedaban 21 minutos para llegar a los 90 reglamentarios. El 'guacho' sacó toda su rabia para rematar una asistencia de Peña y batir así a un Werner hasta entonces infranqueable.

Lamentablemente, hasta ahí llegó la inspiración armera. El Eibar se volcó en buscar el empate con muchos más recursos que en la primera mitad, en gran medida porque la salida del mediocentro argentino liberó a un Jordán que pudo aportar más y mejor desde la media punta, pero si alguien estuvo cerca de marcar fue el Huesca, que pudo sentenciar con un remate de Cucho Hernández.

Un partido, un mal día que empezó con el pie izquierdo ya fue suficiente para que algunos seguidores eibarreses abandonaran Ipurua pensando que sin Dani García no hay paraíso.

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