S.D. Eibar

Cortocircuito armero a reparar

Orellana controla el balón ante la mirada de Roncaglia. / EFE
Orellana controla el balón ante la mirada de Roncaglia. / EFE

La Copa permitirá a Mendilibar cambiar los fusibles de un Eibar fundido

Letizia Gómez
LETIZIA GÓMEZ EIBAR.

El Eibar sufrió un colapso total en Vigo y Mendilibar apenas tiene tres días por delante para detectar el origen de la avería y reparar los conductores dañados antes de volver a encender el interruptor para que la luz saque de nuevo al equipo de la penumbra. La Copa, que irrumpe el jueves (12.00 h.) con el partido de ida ante el Sporting en El Molinón, se antoja esa rendija por la que se puede colar un rayito de sol que devuelva la ilusión a los armeros antes de volver a enfrascarse en una competición liguera que está resultando más sufrida de lo esperado.

Con solo tres puntos de ventaja respecto a los puestos de descenso y con cada vez menos equipos inmersos en la pelea por evitar la pérdida de la categoría, el panorama se presenta brumoso, aunque tampoco conviene empezar a pensar que unas pocas nubes vayan a derivar en un temporal.

Un cortocircuito siempre es una señal de advertencia y no se pueden obviar los avisos de alarma que se produjeron en Balaídos, porque hubo bastantes, aunque también es de recibo resaltar los aspectos positivos, que también se vieron, aunque quedaron eclipsados por completo por el inapelable 4-0 definitivo.

Pese a la dolorosa derrota, el equipo armero se debe aferrar a su capacidad para generar ocasiones

Quizás lo más preocupante, aunque no fuera lo más grave, fue la forma de encarar el partido ante un rival acuciado por la presión. Los armeros eran plenamente conscientes de que se iban a encontrar con un Celta dispuesto a matar y, en lugar de aunar esfuerzos y pertrecharse para frenar sus previsibles acometidas, se vio a un grupo relajado al que el partido le pilló dormido. Y en esos cinco minutos que tardó en despertarse Iago Aspas les recordó que en Primera no hay un solo segundo que perder.

El Eibar se levantó de la cama de un salto y trató de recuperar lo que había regalado y fue entonces cuando se pudieron ver las mejores virtudes del estilo que plantea el técnico de Zaldibar. Con fluidez, sin que el balón durara demasiado en los pies de sus jugadores, el balón fluía con rapidez desde el centro hacia las bandas y de ahí a las áreas. Las ocasiones, ocho claras solo en la primera mitad, se sucedían en cascada. Y a eso es precisamente a lo que hay que agarrarse.

Riesgo, en el foco

Pero el gol no llegó. No al menos por parte del bando azulgrana, que falló todo lo que tiró. Y en cambio, al Celta le sucedió todo lo contrario. Con solo darle el balón a Iago Aspas se hizo la magia. Son muchos los que se han lanzado al cuello de Asier Riesgo, como si él tuviera la culpa de que el Celta se metiera hasta el fondo de su cocina con solo dos pases. Nunca se sabrá sin con Dmitrovic el resultado habría sido diferente, porque el serbio también tiene la costumbre de jugar muy adelantado y es probable que el Mago de Moaña le hubiera hecho los mismos trucos.

El gran problema no estuvo tanto bajo palos, sino en el resto de las líneas. En la ofensiva, porque nadie de los de arriba fue capaz de sacar partido a uno de los partidos en los que más ocasiones ha creado, en la medular porque el repliegue falló cada vez que el Celta respondió al asedio con rápidos asaltos, y en la zaga porque pagaron su osadía de dejar solo a Iago Aspas con una derrota de las que dejan cara de tonto.

Hay recursos y alternativas, aunque se empieza a esperar con impaciencia el regreso Pedro León y Gonzalo Escalante, dos jugadores con gran fortaleza mental.

 

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