Decenas de aficionados asistieron desde la grada al primer empate fuera de casa del Eibar. / MOISÉS CASTELL/PRENSA2

Villarreal B - Eibar Blanco Leschuk mitiga un gran desaguisado

El argentino debutó marcando a los dos minutos de saltar el gol que rescató a un Eibar que perdió el norte antes del descanso

Letizia Gómez
LETIZIA GÓMEZ

El regreso de Gustavo Blanco-Leschuk ha sido providencial. El argentino saltó en la recta final del partido precisamente para tratar de arreglar el desaguisado provocado por el cortocicuito que el Eibar sufrió justo antes del descanso, y solo dos minutos después de volver a enfundarse la camiseta armera, logró rescatar un punto en un partido bipolar de los azulgranas.

Emulando al Doctor Jekyll Y Mister Hyde, el conjunto de Garitano pasó de mostrar su cara más afable y arrolladora para encarrilar una cita que parecía tener bajo control, a perder por completo la cabeza después de que el Villarreal B lograra empatar primero y darle la vuelta al marcador dos goles, aunque afortunadamente solo uno de ellos subió al marcador.

Nada de lo que probó el técnico vizcaíno con sus cambios, todos ellos ofensivos, salvo el de Berrocal para tratar de recuperar la compostura atrás, parecieron surtir efecto hasta que la salida de Aketxe, el posterior debut en su vuelta a casa de Leschuk, y la expulsión del local Lozano se aunaron para evitar que el descalabro se consumara.

Un ciclón inicial

Nadie podía prever la metamorfosis que sufrió el Eibar tras un inicio de lo más esperanzador de un equipo eibarrés que partió con la única incorporación de Quique en detrimento de Bautista. Bajo el sol de Castellón surgió un auténtico ciclón en ataque, dispuesto a arrasar sin piedad a un recién ascendido henchido de moral tras erigirise en el primer líder de la categoría nada más poner un pie en la división de plata.

Jugando prácticamente de memoria con un bloque en el que solo resaltaban las dos caras nuevas de Imanol y Matheus, el conjunto azulgrana apenas necesitaba dos pases para plantarse en los dominios del meta groguet, que debió temer el vendaval que se le podía venir encima al ver la determinación con la que el rival amezaba su puerta a la mínima que se lo proponía.

Los temores del meta danés estaban bien fundamentados, porque antes de que el cronómetro llegara al primer cuarto de hora, una veloz contra dibujada a la perfección por Stoichkov culminó con un pase de tiralíneas de Javi Muñoz por detrás de los centrales que Quique remató sin clemencia.

La placidez con la que el Eibar dominaba todas las disciplinas del juego invitó a pensar que el segundo gol del pucelano con la camiseta armera después del que marcó el año pasado en el feudo del Almería no iba a ser la única alegría que iban a brindar a los numerosos aficionados azulgranas que aprovecharon su estancia veraniega por la zona para acompañar a su equipo.

Un giro inexplicable

Pero nada más lejos de la realidad. Una falta tan peligrosa como evitable de Matheus en la frontal del área pasada la media hora de juego propició que Sergio Lozano lograra el empate con un lanzamiento inapelable que Yoel solo pudo seguir con la mirada, y de manera inexplicable, el partido dio un giro total y la estabilidad emocional de los armeros se derrumbó como un castillo de naipes.

El desconcierto defensivo fue tal, que en los últimos minutos de la primera mitad el Villarreal B marcó dos goles más, aunque solo subió el primero que anotó Pablo Iñiguez, anulado inicialmente por un posible fuera de juego, mientras que el que marcó Lozano en pleno desbarajuste impropio de un aspirante al ascenso, sí que quedó invalidado por una falta previa a Yoel.

En cuanto sonó el pitido final, Garitano se vio obligado a tomar drásticas decisiones para solucionar la papeleta. Sacrificó a un superado Sergio en la medular para dar entrada a Berrocal con la intención de llevar la calma a su retaguardia, y también optó por dejar en la caseta a Corpas para dar entrada a Bautista.

Aunque Stoichkov y Tejero pusieron en serios aprietos al portero local, lo cierto es que el panorama empezó a cambiar en serio cuando Aketxe y Yanis entraron en el terreno de juego para aportar profundidad y generar peligro, aunque las lagunas que quedaban atrás obligaron a Yoel a evitar que el Villarreal B volviera a perforar su ya agujereada portería

Pero todo cambio cuando, tras quedarse el Villlarreal con uno menos, Blanco-Leschuk hizo su aparición estelar elevándose más que nadie en el área para cabecear el córner lanzado de forma magistral por Aketxe cuando solo llevaba dos minutos sobre el césped en su vuelta al Eibar tras solucionar su complicada salida del Antalyaspor.

Lo suyo fue llegar y besar el santo para convertirse en el héroe que evitó una derrota que habría hecho mucho daño por esa imagen difícil de olvidar de un cuadro azulgrana perdido por completo.