Los jugadores del Eibar se lamentan tras caer eliminados ante el Girona. /mikel askasibar

Los jugadores del Eibar se lamentan tras caer eliminados ante el Girona. / mikel askasibar

S.D. Eibar Un fiasco colosal

El Eibar se condena a seguir en Segunda tras caer derrotado por un Girona que se impuso en la prórroga con un tanto del letal Stuani

Letizia Gómez
LETIZIA GÓMEZ

Debacle histórica. Si regalar el ascenso en Alcorcón no hubiera sido suficientemente calamitoso, el Eibar acabó consumando el gigantesco fiasco que le deja fuera de la lucha por subir a Primera al caer derrotado por el Girona en una prórroga que los gerundenses lograron forzar tras tomar la delantera cuando apenas habían transcurrido 49 segundos. La ilusión que había renacido después de la alentadora victoria obtenida en Montilivi gracias al golazo de Aketxe hace solo cuatro días quedó dilapidada ante la incapacidad de los de Garitano para conseguir un gol que le habría salvado el cuello en los más de 120 minutos que duró el choque.

La primera derrota sufrida ante los catalanes en las ocho ocasiones en las que se han enfrentado echa al traste el trabajo de una temporada en la que, tras permanecer en los puestos de ascenso directo durante toda la segunda vuelta y más de 16 jornadas al frente de la tabla, ha venido a fallar precisamente cuando lo tenía todo en su mano para certificar su objetivo. Un error de proporciones colosales que le condena a permanecer un año más en Segunda, ya sin los millones de compensación por el descenso, y en consecuencia, sin la gran ventaja que ha dilapidado para volver a ganarse la plaza que perdió en la pasada campaña en la máxima categoría.

Ipurua, que solo había visto dos derrotas de su equipo en toda la temporada, se derrumbó en el momento más inoportuno posible. El fortín en el que el equipo y la afición habían depositado todas sus esperanzas de conseguir el billete para la gran final en la que le esperaba el Tenerife tras eliminar a la UD Las Palmas, cedió ante la debilidad mental de un equipo que no ha aguantado la presión en los momentos más decisivos de una recta final de campeonato espantosa que le costará al club dejar de ingresar un mínimo de 50 millones que tenía garantizados por derechos de televisión en Primera.

Lo que empezó mal acabó de la peor manera imaginable. Ni una grada de nuevo entregada tras la enorme decepción sufrida en Santo Domingo pudo evitar el colapso total que se fraguó al poco de sonar el pitido inicial. Y es que con un decisivo partido por delante en el que ambos se lo jugaban todo a una carta, el Eibar ni podía ni debía contar con que la mínima ventaja que le concedió el monumental misil de Aketxe en Montilivi, bastaría para contener las ansias de venganza de un Girona herido que, como era de prever salió con el cuchillo entre los dientes para acabar de una vez por todas con la dramática historia que había vivido en sus cuatro anteriores promociones.

Pero aún teniendo esa amenaza muy presente, la escuadra armera salió con su armadura sin ajustar y no supo mantener su renta intacta ni siquiera un minuto, porque su rival aprovechó la misma rendija de casi siempre para igualar la eliminatoria a las primeras de cambio. Una llegada, solo una, tras una falta en el centro del campo, le bastó al Girona para colgar un balón al área que Chema despejó de forma timorata para obsequiar a Borja García una asistencia de oro que el centrocampista agradeció colando una espectacular volea por la escuadra derecha de un Cantero, al que no le sirvió de nada estirar su brazo al máximo.

Y aunque todos los fantasmas pasados y presentes se aparecieron al unísono en el estadio azulgrana, el Eibar seguía teniendo en su mano la carta de la ventaja que le otorgaba su mejor clasificación final, aunque el 0-1 le castigara a disputar una prórroga que tenía tiempo de evitar con solo marcar un gol.

Pero cuando las piernas te tiemblan y las pulsaciones del corazón se elevan tanto, la mente no funciona con claridad, y el 66% de posesión de que dispusieron los de Garitano no les sirvieron para generar ni una sola ocasión de peligro, a excepción de un remate de Correa desde la frontal que se marchó por la línea de fondo desviado por la zaga catalana.

Todo quedaba a expensas de una segunda mitad que no empezó igual que la primera porque Cantero reaccionó de manera providencial para despejar a córner un cabezazo de Valery.

Ese amago de infarto y otra descarga que Chema evitó con su espalda sirvió para activar una maquinaria ofensiva armera que comenzó a cercar la portería rival, espoleada por una doble ocasión que ni Blanco-Leschuk ni Aketxe pudieron concretar, a la que le siguió otra gran opción de que dispuso el argentino con un expecional cabezazo cruzado al que Juan Carlos respondió de forma aún más sensacional.

Con la salida de un restablecido Javi Muñoz, el Eibar incrementó su ofensiva y volvió a poner en apuros a un meta gerundense que primero salvó a los suyos al evitar que un intento de despeje de un compañero se colara en su puerta. Y para colmo, el larguero también salió al rescate del Girona al repeler un disparo de Stoichkov que no llegó a atravesar la línea.

Una prórroga letal

Condenados a disputar la prórroga, Garitano echó mano de todas las piezas atacantes que le quedaban en el banquillo. Lo que no esperaba ni el técnico, ni ninguno de los aficionados armeros era que su equipo repitiera el colosal error de permitir que el Girona llegara de nuevo a su área nada más reanudarse el choque y que, para colmo, dejaran que Stuani marcara solo ante Cantero. Aunque en un principio el árbitro anuló el tanto por fuera de juego, el VAR certificó que estaba en posición correcta y nada ni nadie pudo evitar que el Eibar consumara un fiasco colosal.