El Eibar concede muchas facilidades atrás

Diop y Enrich tratan de abrirse hueco entre los defensores del Levante para intentar rematar un saque de esquina, ayer en Ipurua

El Eibar concede muchas facilidades atrás
J. A. Rementería
J. A. REMENTERÍA

En el minuto 65 ganaba el Eibar 4-2 y en el tiempo de descuento el Levante le empataba para sacar un punto de Ipurua que lo recibía con una alegría desbordante y, por contra, sumía en una profunda decepción al cuadro armero y, por ende, a todo el colectivo armero que no se lo podía creer. Quedó palpable que el Eibar tiene un problema serio a la hora de defender. Concede muchas facilidades y ya lo vimos en la Copa. El Sporting en dos contras hizo dos goles y, ayer, más de lo mismo, se repitió la película.

El Eibar, por su concepción del juego, en el momento que pierde el balón tiene consecuencias letales. Si no ejecuta de manera sincronizada y ordenada ese binomio ataque/defensa que lo realiza a muchos metros de su portería, se transforma en un equipo que deja el camino abierto al rival. Son muchos goles los encajados ante un Levante que solo tiene a Morales como su gran referente. El exdelantero del Eibar es en el Levante lo que Messi en el Barça.

El conjunto granota me causó una pobre impresión defensivamente y una discreta valoración, tal vez insípido, a la hora de desplegar su juego ofensivo. Morales es quien marca la diferencia, es desequilibrante, todo el juego atacante pasa por su velocidad y verticalidad. En la primera mitad hizo temblar Ipurua, cada vez que el esférico llegaba a sus dominios generaba el pánico. En lo que llevamos de Liga, no ha pasado por Ipurua un jugador rival que haya hecho que el murmullo de la grada fuera tan perceptible. La defensa armera tuvo serios problemas para contener las arrancas de Morales, siempre buscando el error, la espalda, la anticipación para sacar el máximo provecho a su felina velocidad.

Un partido con fases

Un primer tiempo que acabó con ventaja levantina ante un Eibar que no cerró bien los espacios, superado en el centro del campo y en la zaga. El Levante tenía bien aprendida la lección y eso que empezó abriendo el marcador Enrich para en dos minutos empatar Morales y más tarde Roberto Suárez colocar el 1-2. El Eibar dominó, puso cerco a la portería de Oier, que transmitió inseguridad y no se prodigó en los balones aéreos. Tuvo inseguridad a la hora de abordar el espacio. Los armeros generaron ocasiones, llegaban con facilidad y ponían en aprietos a los levantinos que, sin embargo, lanzaban perfectos contragolpes que ponían los pelos como escarpias al público de Ipurua con un Eibar incapaz de contrarrestar, defendiendo hombre por hombre y sin superioridad numérica, lo cual favorecía a los visitantes.

Fue un partido loco, con muchos goles y distintos momentos. Todo fue por fases. La salida de los hombres de Mendilibar en la segunda mitad fue arrolladora, imagen calcada a lo que sucedió frente al Sporting. Los primeros compases de este tiempo dejaron totalmente noqueado al Levante. Fue un torrente de ocasiones, de superioridad por bandas y por dentro. Los valencianos se vieron totalmente desbordados, sin ninguna referencia. Morales desapareció y nadie cogió su testigo. Error tras error del Levante fue aprovechado por un Eibar que, llevado en volandas por su afición, empató por mediación de Escalante tras un soberbio remate de cabeza. Antes sucedieron un reguero de oportunidades fallidas que no se lo podían creer. El gol de Escalante fue en el 57 pero en el 61 y 65 Charles colocaba el partido en notoria ventaja 4-2 con dos goles inapelables. Ipurua era testigo de una metamorfosis y de una insultante superioridad de su equipo que no pensaba que tuviera el final que tuvo minutos más tarde.

El banquillo del Levante hizo unos cambios que le fueron realmente bien. Creyó en que podía salir vivo de la cancha azulgrana y realmente así fue. De un gol de fortuna acortó distancias. Rochina disparó y el balón golpeó en Oliviera y marcó el gol de la esperanza. Y cuando menos se lo esperaba, en el tiempo de descuento, en una falta lateral derecha, Mayoral ponía las tablas.

Una gran decepción porque de sumar los tres puntos se acercaría a la mitad del camino de su objetivo. Lleva dos jornadas consecutivas en Liga que no gana, desde que lo hiciera ante el Real Madrid ha tropezado con Rayo Vallecano en Vallecas y empatado ayer, un punto de seis y por medio el choque de vuelta de la Copa ante el Gijón que finalizó con empate a dos goles. Una racha en la que no encuentra su acomodo. El fútbol tiene sus ciclos, los rivales se conocen todos unos a otros y el Eibar deja de serlo.

En las filas armeras hay un jugador que se está ganando el respeto de todos. Se trata de Cucurella. Volvió a marcar las diferencias, fue una exhibición de fuerza, potencia e inteligencia. Defendió y atacó. Trata siempre de mantener la posesión del esférico, rasea y selecciona con criterio práctico sus acciones y es un claro espejo de la escuela barcelonista.

Enrich, que marcó el primer gol, estuvo entregado aunque quizás aún no está en su mejor momento. Tengo la impresión de que todavía le falta una punta de velocidad, mientras que su compañero de fatigas arriba, el hispano-brasileño Charles sigue mostrando que es un depredador de área, se siente seguro y muestra gran destreza en ese espacio vital donde se deciden los partidos.

Mendilibar y sus jugadores deben pensar en el Valencia, rival el sábado en Ipurua, un conjunto que cuenta con calidad y capacidad de sorpresa. El técnico armero, que insiste mucho en ser valientes y atrevidos al tiempo que pone énfasis en no cometer errores, tiene la dura tarea de que ese equilibrio no se rompa, que no se tan deleznable, que no tenga tantas porosidades como ha sucedido en las últimas jornadas. Sería importante, tranquilizador y fundamental despedir el 2018 de Ipurua con tres puntos más en el casillero.

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