Cambios que dieron sus frutos

Tomás Pina y Diop pugnan por la posesión del balón ayer en Mendizorrotza./JESÚS ANDRADE
Tomás Pina y Diop pugnan por la posesión del balón ayer en Mendizorrotza. / JESÚS ANDRADE
J.A. REMENTERIA

Un punto más para sumar treinta y cinco. El Eibar puntuó en una plaza complicada como es Mendizorrotza frente a un Alavés que tiene su propia personalidad y que viene realizando una buena temporada. Una vez más, el derbi con los babazorros acabó con otro resultado igualado. No suelen ser unos duelos muy productivos en goles, no. Hubo dos Eibar. Uno, el que se vio hasta el gol del japonés Inui, que servía para adelantar a los albiazules y dejar en evidencia el mal papel que estaba representando su exequipo. Y otro, el visto después de esa acción que llegó en el minuto 58.

Mendilibar presentó en Mendizorrotza algunos cambios. Colocó tres medios centros interiores con Jordán -izquierda-, Diop -por dentro- y Escalante -derecha-. Buscaba dominar el centro del campo y que los carrileros tuvieran salida, pero su idea no surtió el efecto deseado. Hubo problemas, no se amarraba en la zona ancha además de constatarse muchos errores, a lo que se sumaba una manifiesta ausencia de asociaciones para ejercer la pretendida superioridad. El Alavés generó su peligro, aprovechó especialmente la debilidad en la banda izquierda donde Calleri e Inui tenían un filón de oro para desarbolar a Cote y Arbilla cada vez que se presentaban en las inmediaciones del área.

Incluso Bastón dominó por momentos y tuvo sus ocasiones para batir a Dmitrovic. Muchas imprecisiones defensivas que permitieron al Alavés disponer de sus ocasiones. Era obvio que Mendilibar no estaba satisfecho con lo que estaba viendo y que iba a cambiar. Su equipo no era realmente el de las ideas claras y el que somete. Insisto, el gol de Inui supuso la transformación del Eibar. Retiró a Escalante y ubicó por dentro a un Jordán desapercibido y desaprovechado en la banda izquierda, corrigió su posición al tiempo que colocó a Cucurella en el extremo izquierdo. Una variación que dio el resultado deseado.

Diop, Escalante y Jordán no funcionaron y hubo que recomponer el centro del campo. La salida de Cucurella y Marc Cardona inyectó al equipo mayor profundidad

El juego fue más fresco, tuvo más velocidad y espacio. El equipo contó con más referencias. Al poco de este cambio llegó otro que fue fundamental. Se fue Kike García, hombre de área de juego estático y de pelea, y puso en liza a Marc Cardona. Dicho y hecho, el equipo sufrió una metamorfosis total. La presencia de estos dos jóvenes jugadores fue la revolución que precisaba el Eibar, hizo funcionar a toda la maquinaria. Diop y Jordán pasaron a tener más precisión y su juego mejoró notablemente.

La movilidad de Cucurella, sus asistencias combinadas con la frescura de Marc Cardona fueron aspectos determinantes para desarbolar al Alavés. Los minutos finales de Orellana fueron mejores, suficientes para poner en jaque a los hombres de Abelardo. En el minuto 71, una jugada que nace en Rubén Peña para pasar Orellana y éste asistir a Marc Cardona hacia justicia al mejor juego armero, que ya estaba avisando con algunas ocasiones. La presión del Eibar hasta el final fue absoluta ante un Alavés descolocado que se veía inoperante para frenar las acometidas de los de Mendilibar.

Un detalle. Me llamó poderosamente la atención lo mal que defendió el Eibar en el gol de Inui. Fue un error que se produce en categorías inferiores. No puede ser que un córner a favor concluya con gol en contra. Orellana, en primera instancia, debió cortar a Jony y, en segunda, Rubén Peña que, quizá este fue su único lunar, debió ser más expeditivo. Inui dio salida al balón rechazado, hizo pared con Jony para que el rápido jugador alavesista recorriera prácticamente todo el campo y asistiera al propio Inui para terminar engañando y batiendo a Dmitrovic. Fue una pena, pero en ese momento reflejaba el mal juego que estaba practicando el Eibar en Mendizorrotza. Al final, un punto que no está nada mal.