S.D. Eibar

No solo en las madrugadas

LETIZIA GÓMEZANÁLISIS

Desde que el Eibar obró el milagro de plantarse en Primera, los aficionados armeros tan solo han visto a su equipo en posiciones de descenso en las dos últimas jornadas de la temporada del estreno y en estos quince días desde que la derrota en Villarreal les situó entre los candidatos a perder la categoría.

Echar un vistazo a la clasificación y encontrarte al cuadro azulgrana ahí, convertido en el más goleado y el que menos capacidad anotadora muestra, genera un pequeño escalofrío, pero comprobar que el decimosegundo de la tabla está a solo una victoria que podría llegar hoy mismo no solo sosiega, sino que revela que aún hay muchas oportunidades por delante para corregir el rumbo.

Esa es, junto al mejor potencial de esta plantilla, la gran diferencia que existe entre la situación que se vivió aquellos dramáticos días de mayo del 2015 y la que tiene que solventar ahora Mendilibar.

Cuando el Eibar cayó por primera vez a las plazas que conducen al precipicio cuando perdió frente al Espanyol en Ipurua a falta de dos partidos para la conclusión del campeonato. Su margen de maniobra quedó limitado al máximo y aun así podría haber seguido dependiendo de sí mismo para lograr la salvación en esa frenética recta final, pero el decepcionante empate firmado en Getafe (1-1) le dejó a expensas de una carambola que nada descabellada de cara a la última jornada, pero ni el Granada perdió ante el Atlético ni el Deportivo cayó frente a un Barcelona que se marchó al descanso con un 2-0 que después rifó. Todos conocen el final de aquella historia y por qué el club armero sigue estando en la élite.

Después de dos años relativamente placenteros, los azulgranas sienten de nuevo que el peligro les acecha y detectan en su entorno más nervios de los necesarios a estas alturas. Este equipo ha dado muchas alegrías y también toca apoyarle cuando las cosas vienen mal dadas.

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