SD Eibar

Síntomas de cansancio

Jordán obstaculiza el avance del bético Boudebouz, que se deja el balón atrás ayer en el Villamarín. / FRAN SANTIAGO
Jordán obstaculiza el avance del bético Boudebouz, que se deja el balón atrás ayer en el Villamarín. / FRAN SANTIAGO

Al Eibar se le puede hacer largo el camino hasta el final de temporada. Fue débil en el Benito Villamarín ante un Betis eficaz

J.A. REMENTERÍA

Al Eibar se le va a hacer largo el camino de aquí al final de temporada. Lo visto en el Benito Villamarín es una muestra para pensar que le van a sobrar las siete jornadas que restan. Vi a un Eibar sin chispa, sin alma, sin esa garra que le ha caracterizado en su fase más brillante. Ahora mismo es el rostro de la decepción, su encefalograma es plano, plano. Estar en tierra de nadie puede provocar el peligro de entrar en un estado de desidia y, a estas alturas, con la permanencia lograda, motivar o automotivarse supone una ingente tarea. La derrota ante el Betis es la losa que aleja aún más las aspiraciones europeas. Cinco jornadas consecutivas sin conocer la victoria, acompañadas de un juego nada convincente, inducen a calificarlas de bache.

El Eibar decepcionó, empezó con aires esperanzadores, con una presión adelantada que incomodó a los hombres de Quique Setién, incluso la posesión era para los armeros ante un rival al que obligaba a errar, pero que en un latigazo marcó su primer gol. El Betis se aprovechó de la mala decisión defensiva armera a la hora de adelantar la línea. Barragán, que fue uno de los jugadores más brillantes del Betis, filtró un pase en profundidad entre Arbilla y Ramis que fue bien interpretado y excelentemente definido por Sergio León. Los armeros no tuvieron soluciones, no inquietaron, salvo en la réplica de Ramis al rematar de cabeza una falta lanzada por Pedro León que Dani Jiménez envió a córner. La aportación de Pedro León y Orellana, los talentosos armeros, fue absolutamente nula, me atrevo a reseñar que Orellana ni estuvo en el partido. Mi sensación es que el Betis maximizó lo poco que hizo, en tres acciones derrumbó a un rival que cayó como un castillo de naipes.

El Eibar desaparece cuando no juegan sus bandas, se dedica a pasar al área sin consecuencia alguna. La defensa del Betis controló perfectamente. A medida que el partido avanzaba resolvió cualquier acercamiento del Eibar sin problema alguno. Ni la defensa, ni el ataque, ni el centro del campo del Eibar estuvo a la altura. Fue un bloque inoperante. Boudebouz, que jugó a placer, fue una de las figuras sobre las que pivotó el triunfo verdiblanco. El argelino es elegante, dotado de técnica y de visión. Nadie del Eibar pudo frenarle en las acciones precisas. Volvió a destacar Dimitrovic, estuvo decidido y acertado en un par de salidas fuera de su perímetro. Evitó que Boudebouz entrara al área. Su salida fue espectacular con los pies, como un defensa más. Mendilibar no dio con la tecla. Retiró a Cote y Escalante y salieron Capa e Inui. Ninguna interacción. Pasaron los minutos sin más. Apostó por Alejo retirando a un Kike García que viene dando señales de cansancio. Lleva acumulados muchos partidos que comienzan a pasarle factura.

Llamó la atención la ovación recibida por Inui cuando reemplazó a Escalante. El Benito Villamarín le dedicó una anticipada bienvenida. El japonés, que ha firmado por el club bético para las tres próximas temporadas, en este tramo no es ni la mitad de lo que ha sido. Este es un ejemplo de lo complicado a la hora de hablar de motivación, sobre todo cuando se convive en un entorno de oferta/demanda y cuando el objetivo principal está logrado, circunstancia ésta que no sorprende a estas alturas de la competición. Y, sin encima, se está en tierra de nadie, pues aún ahonda más la dificultad sacar ese último esfuerzo que se pide.

El juego de los armeros, anodino en general, no tuvo soluciones ni referentes

El Eibar puede entrar en una etapa anodina, corre ese peligro, hay signos que proyectan sus sombras. El Betis ganó con autoridad, hizo su partido ante un Eibar débil, sin ideas y sin intensidad, que no puso resistencia real. Todas sus intenciones fueron simples fuegos de artificio. El próximo domingo visita Ipurua el Alavés. El equipo babazorro de la mano de Abelardo es otro, ha recuperado esencia, tiene personalidad. Ayer ganó al Getafe y su permanencia está prácticamente asegurada, lo que hace pensar que vendrá con moral y confianza, con seguridad. Un partido que se antoja duro, que debe aprovechar el Eibar para sumar e intentar finalizar como primer equipo vasco. Este es un extra inequívoco para, al menos, en las siete jornadas que faltan tener un aliciente. Europa es una quimera.

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