Diario Vasco

s.d. eibar

El Eibar rozó la gesta en el Camp Nou con dos goles de Inui

El Eibar sufre una injusticia épica
  • El Eibar puso en jaque a un Barcelona que se ayudó del árbitro para remontar un 0-2 que pasará a la historia

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El Eibar no ganó, pero fue el vencedor moral de un choque que el árbitro ayudó a decantar del lado del Barcelona. Como si el equipo culé necesitara ayuda para superar a una escuadra a la que multiplica por más de 15 su presupuesto, tuvo en el canario Hernández Hernández su jugador número doce, al pitar dos penaltis inexistentes y, por si fuera poco, dejar a los armeros en inferioridad numérica por expulsión de Capa cuando aún quedaba un cuarto de hora largo para el final del partido. Y menos mal que al equipo catalán ni le iba ni le venía, ya que desde el principio se supo que el título liguero iría a parar a las vitrinas del Real Madrid en el Santiago Bernabéu, porque si no a saber qué más se habría inventado. Aunque Cristiano Ronaldo se encargó de disolver la emoción liguera con un tanto en el minuto dos en La Rosaleda hubo alguien que no iba vestido de blaugrana, que por si acaso quiso mantener viva la esperanza de los culés.

La rabia se apoderó de los eibarreses tras el pitido final, y no era para menos. Habían conseguido algo épico al ponerse con 0-2 a su favor tras dos goles del japonés Inui al poco de comenzar el choque y a los 16 minutos de la reanudación. Callando las bocas de aquellos que le habían menospreciado, los de Mendilibar tenían al Camp Nou totalmente conmocionado.

Un Barcelona tembloroso y hasta estupefacto por la afrenta de los guipuzcoanos, necesitó incluso que la S.D. Eibar se tuviera que marcar en propia puerta por medio de Juncà tras un lanzamiento de Neymar al poste, para poder volver del mundo de los muertos. El monstruo despertó sediento de sangre.

A partir de ese momento es cuando comenzó el despropósito arbitral. El Barcelona parecía un zombi, corriendo como pollo sin cabeza y con los ojos en blanco, pero por si sus afiladas fauces no estuvieran lo suficiente afiladas, el árbitro canario les sirvió en bandeja la yugular azulgrana con un penalti pitado sobre un Jordi Alba al que nadie tocó y que se cayó al suelo porque se tropezó cuando se disponía a disparar.

Y va el Barcelona y desperdicia el regalo. Como un Yoel imperial, que ya había evitado al menos cuatro goles cantados, le detuvo a Messi el lanzamiento desde los once metros, el encargado de impartir justicia se reservó otro paquete envuelto en celofán para un poco más tarde, justo después de que Luis Suárez rompiera el maleficio que le había impedido batir al meta gallego en tres mano a manos anteriores.

El tanto del uruguayo equilibró un marcador (2-2) que ya no les servía a los vascos para recuperar la octava plaza que ansiaban conquistar, pero que seguía siendo un resultado histórico no solo por el empate en sí, sino también por la forma de conseguirlo. Pero no se lo permitieron.

A la segunda, la vencida

Los que tanto protestan por las decisiones arbitrales, aplaudieron otra pena máxima que Hernández Hernández señaló tras una caída en el área de Neymar, al que nadie tocó. Pero no contento con darle al Barcelona la oportunidad de darle la vuelta al marcador, mostró la segunda cartulina amarilla a Capa y dejó a la S.D. Eibar con 10. Ver para creer, aunque lamentablemente no es algo tan inusual. Esta vez Messi no falló, y eso que Yoel la llegó a tocar. El sueño de hacer historia se esfumaba.

Con el Eibar roto, descuartizado sin merecerlo, el argentino anotó otros dos tantos más, uno que le anularon y otro que sí subió al marcador ya en el tiempo de descuento. Fue la victoria más amarga del Barcelona y una derrota épica de los eibarreses que aun así pasará a la historia como otro capítulo que acrecienta el orgullo de sus seguidores.

Porque pese a perder, el Eibar se ganó el respeto de todos en el coliseo blaugrana. Nadie daba un duro por ellos, las apuestas pagaban ingentes cantidades de dinero por una victoria armera en la que nadie creía y que estuvo a punto de ocurrir. Todas las miradas estaban puestas en el Málaga, pero el que durante buena parte de esta jornada de cierre reventó la Liga fue el equipo de Mendilibar.

Twitter ardía con la alineación armera. Los merengues se quejaban de que el de Zaldibar había alineado a los suplentes, porque situó a Arbilla en el centro de la zaga, aunque tenía a Gálvez y a Dos Santos en el banquillo, y porque Rubén Peña ocupaba el puesto que durante toda la campaña había sido propiedad de Pedro León. Pero pronto se vio que el Eibar no había ido allí de turismo. Hasta el último día, hasta el último segundo, el equipo que ayer jugó con la equipación verdiblanca que lucirá la próxima temporada, compitió con carácter, con valentía, sin sentirse inferior a un equipo que se jugaba el título.

El equipo de Luis Enrique no salió centrado en el adiós del técnico asturiano al banquillo blaugrana. No es fácil cuando tienes que jugar un partido a dos bandas sin depender de ti mismo, y como el Eibar lo sabía, apretó las tuercas a su rival para aprovechar a la perfección la desorientación y el desconcierto inicial de los culés, que se veían condenados a luchar otros 88 minutos sin esperanza de conquistar la Liga.

Un octavo puesto no será un título, pero para los armeros suponía doctorarse en esta categoría. Inui, que hasta ahora solo había conseguido un gol, se llevó todos los flashes con dos goles antológicos que hicieron pensar que no hay misiones imposibles para un club que se está convirtiendo en un experto en obrar milagros. Se le ha escapado Europa, se ha tenido que conformar con la décima plaza, pero la S.D. Eibar se ha hecho grande.

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