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S.D. Eibar: El Calderón acabó pidiendo la hora

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Arbilla disputa el balón con Lucas Hernández durante el Atlético-Eibar. / AFP

  • El Eibar vendió cara su derrota ante un Atlético que sufrió hasta el último suspiro ante el empuje armero

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Las visitas al Atlético de Madrid son como esas películas predecibles cuyo final se atisba desde el principio. El Eibar casi siempre propone fútbol y mucha batalla allí, pero siempre sale derrotado aunque no lo merezca. Los armeros se fueron del Vicente Calderón con la cabeza muy alta, viendo como todo el estadio puesto en pie pedía la hora a gritos, porque veían angustiados que el modesto equipo que ayer vistió de naranja se resistía a marcharse a su casa de vacío. Después de haberse sobrepuesto a un tanto de Saúl Ñíguez que echó al traste el excelente trabajo defensivo que todos los eibarreses estaban realizando sin excepción, se lanzaron a tumba abierta hacia la portería rival hasta que el tiempo se agotó. Solo una buena intervención de Oblak, la suerte que les acompañó a los colchoneros en otras dos ocasiones finales de Adrián y Juncà y el pitido final lograron atajar un impulso de orgullo y rabia que se quedó sin premio.

El Eibar se despide del Manzanares si un resultado positivo que llevarse a la boca. Solo cabe desear que el Wanda Metropolitano resulte un campo más acogedor y fructífero para los de Ipurua.

Vendaval armero inicial

Una gran pancarta de la afición colchonera recordaba a los armeros que el Atlético es un equipo que combate siempre y que se levanta tras cada golpe, pero como en eso de combatir el Eibar también va bien servido, los azulgranas trataron de desatar una tormenta que terminara de anegar los ánimos rojiblancos. El equipo eibarrés que saltó al campo mostró esa personalidad ambiciosa y sin complejos que tanto gusta a los suyos, esa escuadra que ahoga a los rivales, que les encierra en su área, y la que en cuanto coge el balón busca la portería rival sin malgastar ni un solo segundo.

Durante casi todo el primer cuarto de hora el conjunto de Mendilibar oscureció el soleado cielo madrileño. Sus opciones no fueron numerosas, aunque sí tan comprometidas como la que forjó Inui tras dejar atrás a Thomas y disparar desde la frontal poniendo en serios aprietos a Oblak. Pero lo verdaderamente noticiable era que los pupilos de Simeone no eran capaces de sobrepasar la línea medular.

El 3-0 padecido el martes ante el Real Madrid no es algo que se borre de la memoria así como así y eso era precisamente lo que quería aprovechar el Eibar. Solo el hecho de puntuar en un estadio que levantó su telón por penúltima vez ya habría sido todo un triunfo, pero los azulgranas no se conformaban solo con eso.

Pero claro, el Atlético, esté herido o no, siempre saca fuerzas para ponerse en pie y dar respuesta a una afición que, como siempre, quiso estar cerca de los suyos, aunque la procesión fuera por dentro.

Un par de llegadas que demostraron con qué facilidad llegan los rojiblancos a nada que se lo proponen despegaron el ánimo de los del Manzanares, que arrebataron a los visitantes el balón y el control del juego. Pese a que es el conjunto menos goleado de la categoría no le falta pólvora de la buena arriba y tras un disparo de Koke que no llegó a encontrar portería, llegó la jugada para la moviola que los colchoneros protestaron mucho sin conseguir nada. Una falta colgada al área impactó de lleno en las dos manos de Ramis después de que el balón fuera peinado por un compañero suyo y quizás por eso el colegiado no señaló penalti, porque verse, se vio con claridad.

Como gatos panza arriba

Desde ese momento, y aunque siempre había cinco jugadores de naranja butano presionando la salida del balón del rival, el Eibar tuvo que dedicarse más a su empeño de conseguir mantener la portería a cero. Tanto es así que Kike García y Sergi Enrich parecían dos centrales más defendiendo como gatos panza arriba. Serios, concentrados y unidos como si estuvieran encadenados, echaron un cerrojo que solo Thomas logró abrir al filo del descanso, llegando hasta la línea de fondo, aunque afortunadamente para los armeros, el disparo en posición franca de Saúl Ñíguez desde el interior del área se le marchó demasiado alto.

El cuadro azulgrana se marchó al descanso con el susto en el cuerpo, pero con la esperanza de que si seguía haciendo las cosas bien podía volver a casa por primera vez con un resultado positivo del Manzanares. Sabiendo que le esperaban más de 45 minutos de sufrimiento, los eibarreses trataron de sorprender de nuevo de inicio a los rojiblancos con un disparo de Pedro León desde la frontal del área que no quiso entrar, pero ese aviso no hizo sino despertar a la bestia.

Con Yoel ordenando un tablero lleno de peones, el Eibar se afanó en achicar balones del área ante un Atlético eléctrico tras la salida de Fernando Torres, pero ante equipos que martillean con tanta fuerza pocos muros logran aguantar en pie. El tabique que habían edificado los armeros se resquebrajó cuando el cronómetro estaba a punto de llegar a la media hora de juego y los nervios de los rojiblancos bullían como una caldera a presión. Una arrancada de Godín, que abandonó su hábitat natural para recorrer la banda izquierda, terminó con un pase paralelo que Torres dejó pasar para que Saúl Ñíguez, llegando desde atrás, remachara desde la frontal del área con un disparo seco.

Batalla hasta el final

El equipo de Mendilibar acusó el mazazo, pero también se levantó y, con nada más que perder, se abalanzó sobre la portería de Oblak exprimiendo hasta el último segundo de los cuatro minutos que prolongó el árbitro en un Calderón con el corazón en la boca. Los colchoneros habían visto cómo el meta esloveno había tenido que emplearse a fondo para atrapar un cabezazo de Escalante tras un buen centro de Pedro León. También sufrieron cuando Adrián no consiguió rematar un córner colgado por el murciano. Pero cuando realmente estuvieron a punto de sufrir una parada cardíaca fue cuando el misil que lanzó Juncà desde el interior del área se estrelló en el cuerpo de Tiago evitando un empate que habría sabido a gloria.

No pudo ser, y ahora queda un último esfuerzo en Ipurua ante el Sporting, y la visita en el cierre de campaña al Camp Nou.

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