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El Eibar recobra la intensidad para hurgar en la herida rival

Sarriegi, del Vitoria, y Enrich, disputan un balón.
Sarriegi, del Vitoria, y Enrich, disputan un balón. / MORQUECHO
  • Los armeros confían en sacar partido de la depresión en la que se han sumido los atléticos tras la debacle en el Bernabéu

Una vez superada una semana de tres partidos, en la que los entrenamientos eran básicamente sesiones recuperatorias, el Eibar ha vuelto a imprimir a su trabajo la intensidad habitual de toda la campaña para tratar de presentar batalla a un Atlético sumido en plena depresión tras el varapalo europeo sufrido ante el Madrid (0-3).

Los armeros son conscientes de que pueden toparse con un cuadro colchonero encorajinado y dispuesto a que los azulgranas paguen sus platos rotos, pero también saben que un golpe como el que se llevaron el martes puede dejar graves secuelas que mermen considerablemente su potencial. Sin pensar más allá de los tres puntos en juego, los de Mendilibar ya se preparan para afrontar cualquiera de las dos posibilidades.

Los eibarreses ya han experimentado en sus propias carnes lo que supone jugar bien y perder en el Vicente Calderón. La primera vez que se plantaron allí con Gaizka Garitano en el banquillo pagaron la novatada. Era su primer desplazamiento tras haberse estrenado con un triunfo en casa ante la Real Sociedad (0-1) y para el minuto 25 ya había recibido dos goles marca de la casa, es decir, a balón parado con sendos remate de Miranda y Mandzukic. Tras el tanto de Abraham pasada la media hora, el Eibar se adueñó del partido y puso contra las cuerdas a los rojiblancos, pero el Atlético amarró el triunfo (2-1).

Los azulgranas corrieron similar fortuna cuando en febrero del pasado año se presentaron con José Luis Mendilibar. Esta vez incluso tomaron la delantera al inicio de la segunda mitad con un gol del exatlético Keko Gontán tras aprovecharse de un error de Saúl Ñíguez, pero cuando más apurado estaba el equipo local, dos acciones de estrategia permitieron que Giménez y el propio Saúl dieran la vuelta al marcador. Ya en el descuento, Fernando Torres anotó su tanto número 100 con la camiseta rojiblanca y descorchó el champán para la fiesta.

Nada que celebrar

El problema del Atlético es que ahora no tiene nada que celebrar. Necesita proteger su tercer puesto al que también aspira el Sevilla para evitar una ronda previa para competir el año que viene en la Champions, pero su sueño real era ganar este año la máxima competición europea y su verdugo en las tres tentativas anteriores ha vuelto a convertirse en su peor pesadilla.

La pancarta que los aficionados del Madrid exhibieron recordando las copas arrebatadas en las finales de Lisboa y Milán resultó tan insultante como premonitoria. Y es que es los rojiblancos no son capaces de olvidar aquel gol de Sergio Ramos en el minuto 93 que forzó una prorroga en la que los del Manzanares se hundieron (4-1).

Ése solo fue el principio de la maldición de los colchoneros. Un año después de las lágrimas de Portugal, se volvieron a cruzar en los cuartos de final, y un gol Chicharito Hernández sirvió a los blancos para dejar en la cuneta al rival.

La historia se repitió en la 15-16 en Milán, donde los rojiblancos perdieron la final en la tanda de penaltis. Este año ya no hay emoción. Aún les queda el partido de vuelta Calderón, pero ni los colchoneros más optimistas creen en la remontada.

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