Diario Vasco

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Ni desfallece, ni arroja la toalla

  • El Eibar desarbola con dos dentelladas a un Leganés combativo y se agarra con fuerza a la octava plaza

A falta de fuerzas que ya escasean, el Eibar ha hecho del coraje su arma para seguir peleando por una octava plaza que adornaría su mejor temporada en Primera. Venía de perder dos partidos seguidos y de empatar el derbi ante los vitorianos fajándose como lo hacían los numantinos en sus batallas contra los romanos. De nuevo en casa, su gran bastión, quería un triunfo que también buscaba un necesitado Leganés, y aunque como era de prever, no fue un camino sencillo,los armeros demostraron que no entra en sus planes desfallecer ni a arrojar la toalla, no ya en su sueño de llegar a tiempo al tren europeo, sino de proteger la octava posición como si del botín más preciado se tratara.

Cuando más parecía sufrir, cuando el empate no se veía como la peor opción posible, los eibarreses propinaron dos mordiscos en el pescuezo de los pepineros, que se quedaron sin sangre y sin respiración para poder levantarse.

Toda la tensión acumulada en estos días se transformó en una sonrisa colectiva de un equipo que quizás no escriba el final soñado, pero que pase lo que pase en las tres últimas jornadas, ya ha hecho historia.

Contra su propio reflejo

La necesidad y, en consecuencia, la mayor motivación suele marcar la diferencia en los partidos de la recta final en la que casi todo está ya decantado y, por muy fuerte que sonó el grito del Eibar en los vestuarios, fue el Leganés el que encaró el inicio con mayor determinación. Los puntos eran trascendentales para los dos equipos, pero por muy diferentes motivos. Aunque los azulgranas habían perdido gran parte de sus esperanzas de obtener el pasaporte europeo, ansían proteger una octava plaza que se ve como un tesoro, mientras que los pepineros, que ya ven con claridad la luz de la salvación, no querían dejar pasar ni un minuto más sin certificar su permanencia de forma prácticamente definitiva.

Era un choque inédito en Primera entre dos viejos conocidos y, precisamente por lo mucho que ya se conocen todos a estas alturas, los madrileños tenían muy claro que para jugar en Ipurua ante el Eibar había que disfrazarse del Eibar. Y con ese traje que no le resultó en absoluto extraño, el Lega hizo precisamente lo que los armeros han solido hacer a sus rivales, es decir apretarles arriba y explotar su velocidad por bandas para inundar de balones el área local.

Le costó poco dar su primer aviso serio con una buena internada y un posterior centro al corazón del área de Bustinza, y un remate de espuela de Guerrero que se fue fuera después de pasearse por delante de la portería eibarresa.

Una advertencia de los visitantes que pareció estimular el orgullo de los de Mendilibar, que aún necesitaron unos minutos más para poder dar un pequeño golpe en la mesa para mostrarle al contrario quién manda en Ipurua. Pedro León, de vuelta tras cumplir su partido de sanción, recogió una falta sacada con rapidez y picardía por Dani García para adentrarse en zona de peligro para el Leganés y, aunque su pase era todo un regalo para Adrián, el madrileño no pudo remachar debido a una providencial intervención del lateral Bustinza, uno de los numerosos vascos que militan en la entidad pepinera.

No sirvió para marcar, pero sí para animar a los armeros, a los que estaban en el césped y también los que desafiaron a la lluvia desde la grada. Los armeros lograron enlazar varias aproximaciones alentadoras, como un centro chut de Inui que estuvo a punto de colarse por la escuadra de la puerta de Herrerín, y un remate de Pedro León buscando el palo largo que obligó al meta bilbaíno a estirar al máximo sus 1,87 metros de estatura.

Pero claro, el Leganés había venido con la pretensión de llevarse al menos un punto y volvió tomar el mando y el balón para volver a inquietar el sosiego azulgrana. Y lo hizo en serio, primero con un disparo seco de Guerrero que se le marchó al exterior de la red, y dos minutos antes de llegar al descanso con un cabezazo del propio delantero toledano, que superó por alto a Yoel, pero que Lejeune, muy atento a la jugada, sacó bajo la misma línea de gol, al igual que lo había hecho en Mendizorroza con un remate de Deyverson en el último suspiro.

Dentelladas fulminantes

Tras una primera parte tan gris como el cielo, el panorama anticipaba otra segunda mitad de fuerzas parejas, pero con un Leganés que parecía más asentado y decidido. Pero aunque el cuadro visitante amenazó con un gran disparo con el que Machís buscó la escuadra, el Eibar se desperezó abrió sus fauces y propinó dos dentelladas seguidas que pusieron las cosas en su sitio.

La clave de esta reacción, o al menos lo que modificó el rumbo del encuentro fue el doble cambio que Mendilibar realizó más pronto de lo que en él suele ser habitual. El cuadro madrileño estaba de lo más cómodo, con el partido controlado hasta que en el 59 el técnico armero modificó su esquema con la entrada de Sergi Enrich y de Arbilla, que de manera sorprendente se situó junto a Dani García en sustitución del joven Rivera. Esta decisión pilló a contrapié a Asier Garitano, que no corrigió las posiciones de su equipo y no supo parar dos rápidas acciones que, con sendos toques maestros de Juncà, desarbolaron a su rival.

La entrada de Enrich resultó fundamental, porque gracias a que él se llevó a su marcador, dejó que Kike García, hasta entonces desasistido arriba, peleara mano a mano con el suyo. El conquense impuso su poderío en el juego aéreo y con su séptimo gol de la campaña se encargó de dar la primera tarascada. Y cuando el Leganés aún estaba taponando la herida, Juncà vio cómo se desmarcaba Enrich, que atrapó el pase en largo, encaró con fuerza y con una definición perfecta, batió de nuevo a Herrerín. Los pepineros reclamaron un posible fuera de juego del menorquín, pero sus protestas cayeron en saco roto.

El ansiado triunfo que se había resistido en las tres últimas citas no podía escaparse del bolsillo y, aunque el Leganés estrelló un balón en el palo y dispuso de hasta 12 córners, ahí se quedó hasta que el colegiado pitó el final del partido.

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