Diario Vasco

SD EIBAr

Desgarro en el descuento

  • Raúl García condena en el minuto 93 a un Eibar en inferioridad a una derrota que perturba su sueño

Raúl García desgarró por completo el corazón del Eibar al aprovechar un rechace tras una falta cuando el cronómetro sobrepasaba tres minutos del tiempo reglamentario. El conjunto azulgrana había aguantado como había podido casi toda la segunda mitad con uno menos después de la estúpida expulsión que se ganó Escalante y, aunque el punto podía saber a poco, al menos reportaba moral para mantener la ilusión por llevar vivos hasta el final en la pelea por Europa.

Las opciones no están enterradas, pero perder así, de esta manera tan dolorosa, ante un rival directo ha puesto más piedras de las que ya había en el camino. Quedan cinco partidos, algunos de ellos de vértigo, y mientras hay vida hay esperanza.

Pese a que la LFP se empeña en exiliar los derbis del Eibar a días y horarios poco atractivos no consiguió minimizar la esencia de un choque marcado por lo mucho que ambos equipos ponían en juego. La necesidad era más aguda para los armeros, por la desventaja que tenían.

Y por ese hándicap y porque la contienda se producía en los dominios armeros, fueron los anfitriones los que, cuchillo afilado en mano, dieron gas a la cocina de Ipurua y, sin perder ni un segundo, pusieron ajo y bien de guindilla en la cazuela para tratar de estofar un triunfo que desprendiera un inconfundible sabor europeo.

No era necesario tirar de ingredientes exóticos, ni procedimientos moleculares. La receta para conquistar el paladar de todos los presentes, salvo el de los comensales que habían acompañado al Athletic, es ya tan clásica como exquisita. De modo que al chef Mendilibar no le dio por innovar. Comenzó a preparar el plato subiendo a tope los fogones para dorar el refrito. Con la dupla formada por Pedro León y Capa por la derecha, y con Luna e Inui por la izquierda, fueron añadiendo cucharadas de sabor para que Kike García y Sergi Enrich se encargaran de salpimentar las acciones.

Para el minuto cuatro el Eibar ya había lanzado su primer córner y para el siete ya había reclamado un penalti por una mano de Iturraspe que en vivo pareció haberla, pero que en las sucesivas repeticiones generó más dudas. Pero como ni el linier ni el árbitro se dieron por enterados, el derbi siguió su curso, con un cuadro armero encendido un equipo bilbaíno agazapado, pero sólido atrás.

Ese pronto inicial no perduró demasiado, no tanto porque los eibarreses dejaran de intentar buscar la puerta contraria, sino porque el equipo de Valverde logró zafarse de la presión azulgrana y comenzó a generar cierta inquietud gracias a la velocidad de Williams y Muniain. Pero no fue más que eso, una pequeña turbación, porque afortunadamente para los de casa, Aduriz no terminaba de encontrar su sitio.

Y entre la inoperancia ofensiva de los bilbaínos y la escasa precisión de los locales, tanto Yoel como Kepa fueron dos espectadores más bajo sus respectivos palos. Eso fue durante toda la primera mitad, porque nada más comenzar la segunda, el joven meta del Athletic tuvo que intervenir para evitar que Sergi Enrich adelantara al Eibar tras un fallo de la zaga visitante que dejó al balear solo ante Kepa.

El plazo para la especulación terminó. El empate no era suficiente para ninguno y los dos pusieron todas sus cartas sobre la mesa, aunque Escalante decidió saltarse las normas a la torera, hacer una entrada agresiva sin venir a cuento sobre Muniain el centro del campo y dejó a su equipo en inferioridad al ver una tarjeta roja que Del Cerro Grande no dudó ni un segundo en mostrarle.

Los planes de Mendilibar, que ya habían sufrido un notable revés tras la marcha de Luna por lesión justo antes de llegar al descanso, se vieron de nuevo trastocados cuando solo habían trascurrido diez minutos desde la reanudación. El técnico tuvo que retirar a Inui, deslucido precisamente el día en el que sus padres se encontraban en la grada, para dar entrada al joven Rivera.

Pero si con once ya era complicado, con diez las cosas se pusieron aún más cuesta arriba para los armeros, que empezaron a sentir las garras de los leones apretando su cuello. Los rojiblancos no habían gestado ni una sola ocasión hasta que Raúl García se inventó una volea que de no ser por el poste habría helado las opciones del Eibar. Y apenas cuatro minutos después, Williams filtró de manera magistral un balón para Muniain, que no pudo superar la salida de Yoel.

La solidaridad entre los jugadores, una de las marcas de este Eibar, hizo posible que después no se notara que estaba con uno menos, aunque lógicamente no impidió que el cansancio fuera haciendo mella en jugadores como Dani García, básico en el esquema azulgrana, y Enrich, que se marchó recordando esa gran opción que le sacó Kepa.

El golpe de gracia

Pero lo peor estaba por llegar. El punto valía de poco, pero al menos suponía no encadenar la segunda derrota consecutiva tras el varapalo sufrido en el Benito Villamarín y mantener los rescoldos de la ilusión, pero una falta cometida por Juncà sobre Raúl García en el mismo borde del área regaló al Athletic una ocasión de oro que supieron aprovechar para clavarle la puntilla a un Eibar que quedó tendido en el suelo. Yoel sí fue capaz de despejar el envenenado lanzamiento de Beñat, pero Raúl García sacó partido de la pasividad de la zaga azulgrana para remachar sin piedad a los armeros y a todos los seguidores eibarreses. La esperanza es lo último que se pierde, pero el tren de Europa se ha puesto en marcha sin recoger al Eibar.

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