LA MEJOR DESPEDIDA

El Eibar cerró la temporada dejando buenas sensaciones, siendo fiel a su filosofía, reinvidicándose y complicando la vida a un Atlético Madrid que vive un gran momento

Fernando Torres se dispone a recortar a Dmitrovic, quien desde el suelo intenta cubrir portería. /REUTERS
Fernando Torres se dispone a recortar a Dmitrovic, quien desde el suelo intenta cubrir portería. / REUTERS
J.A. REMENTERÍA

El Eibar cerró la temporada de manera brillante, con el mejor broche, selló un empate frente a un Atlético de Madrid que, pese a estar en una nube de festiva, no estuvo dispuesto a que le aguaran una tarde de exaltación de su último título de Europa League y la despedida, en loor de multitud de uno de sus grandes iconos como es Fernando Torres. Los hombres de Mendilibar no se arredraron, dieron la cara y pusieron en aprietos al siempre combativo Atlético de Madrid del Cholo Simeone. Fiel al guión de todo el curso, el Eibar regresó con un valioso punto, sumando 51 que traslucen el buen hacer en una temporada que ha tenido dos caras: unos primeros compases desoladores para sufrir, posteriormente, sufrir una metamorfosis que le ha llevado a la zona media.

El Eibar puso fin como pretendía hacerlo, reivindicándose con su buen hacer con jugadores que merecen mención especial. El golazo de Rubén Peña, que supuso el empate, fue de una plástica, de una ejecución que cumplió con todos los cánones, desde la frontal del área y tras bajar el esférico con el pecho, marcó los tiempos para empalmar un obús que Oblak ni lo vio. Un auténtico gol. Rubén Peña es un candidato al premio de la generosidad, esfuerzo, trabajo silencioso y pragmatismo. Empezó no jugando y ha acabado siendo un auténtico comodín, cumpliendo su cometido allí dónde se le encomiende: lateral derecho e izquierdo, media punta, banda derecha e izquierda y punta. Qué mejor clausura para una temporada que será recordada por el abulense, que ha ido de menos a más en su participación.

Si, en Girona, Iván Alejo sollozaba por una decisión de Mendilibar, ayer el joven jugador estuvo participativo, fue una pesadilla para Filipe Luis, provocó una amarilla al lateral brasileño y en un contragolpe hizo que Lucas viera su segunda cartulina para quedarse el Atlético con uno menos desde el minuto 64. El vallisoletano buscó la acción individual, no desagradó ni en ataque ni a la hora de fijar la banda. Hubo otros dos hombres que brillaron: Kike García y Paulo Oliveira. El delantero destacó por su lucha titánica con Savic y Lucas y después con Jiménez. Fue pesadilla para los centrales colchoneros, marcó el primer gol eibarrés y se mostró firme en el juego aéreo, buscó en todo momento la oportunidad del gol y trató de sacar de sitio a la zaga rojiblanca.

Kike García marcó su octavo gol, rubricando una excelente temporada, ha sido valedor, y fiel reflejo, de las pretensiones de Mendilibar. En la zaga el portugués Paulo Oliveira se mostró hábil y eficaz en los cruces, artífice de la gestación del gol que adelantó al Eibar. Es un central que no tiene destellos, pero se caracteriza por una silenciosa gestión de su cometido.

El Eibar ha dejado un buen sabor de boca, ha dado carpetazo a una temporada positiva en un escenario y ante un rival que, en este momento, es uno de los destacados de Europa. A partir de ahora se abre una nueva etapa, se cierra un ciclo con la marcha de Dani García, Capa e Inui, especialmente con los dos primeros porque son parte del eslabón más brillante en la historia del Eibar. Evidentemente la vida sigue, lo que puede parecer el final, también puede ser el comienzo. Lo que en un principio era un sueño, es una realidad. La próxima campaña será la quinta en Primera con la esperanza que se cumplan los deseos. Es obvio que se emprende la construcción de un nuevo proyecto con nuevas caras y nuevos referentes. Felicidades a toda la familia del Eibar que, una vez más, ha mostrado su grandeza.

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