La mejor defensa de Ipurua

Ipurua, un barrizal en un partido ante el Atlético en 2015./
Ipurua, un barrizal en un partido ante el Atlético en 2015.

Los nuevos carros radiadores han salvaguardado el césped del estadio del Eibar en el invierno más crudo

LETIZIA GÓMEZ EIBAR.

El paraguas suele ser compañero inseparable de los guipuzcoanos desde noviembre hasta finales de enero, el periodo más lluvioso del año. Pero es complicado recordar un invierno en el que su uso se haya hecho tan necesario como este que acaba de terminar, uno de los más inestables en el plano atmosférico que se han vivido en la cornisa cantábrica. Sin embargo, y contra todo pronóstico, el césped de Ipurua ha solventado de manera muy digna las numerosas heladas, nevadas y aguaceros que han caído sobre él cuando en años precedentes y sin tanta agua de por medio, suponía una continua fuente de problemas. Los causantes de este 'milagro' no son otros que los diez carros de lámparas LED que el Eibar adquirió al inicio de la campaña para tratar de mitigar sus constantes quebraderos de cabeza por el mal estado del césped tras el paso de los inviernos.

Este sistema de iluminación, que imita la luz de los invernaderos y que permite acelerar la fotosíntesis y favorecer el crecimiento del pasto, se ha erigido en la mejor defensa que ha tenido Ipurua este año. Con una inversión de 200.000 euros, algo menos de lo que costó fichar a Takashi Inui, el Eibar ha logrado evitar que el club haya tenido que cambiar gran parte de una alfombra verde que se sustituyó por completo en 2013, tras la implantación del nuevo sistema de drenaje, y que ha tenido que reinstalar a cachos en varias ocasiones en los últimos años debido a los estragos que provoca la falta de luz solar, especialmente en la banda de la tribuna principal.

No son elucubraciones, sino una afirmación realizada por Gorka Unamuno, jefe de obras del Eibar, que asegura que el 'abrigo' artificial ha resultado ser todo un salvavidas para la entidad azulgrana. «De no ser por las lámparas habríamos tenido que cambiar prácticamente todo el césped, igual hasta en dos ocasiones, lo que nos habría generado un gasto mínimo de 125.000 euros». Y no solo eso, se habrían repetido capítulos tan sonrojantes como aquella batalla en pleno barrizal que el Eibar y el Atlético de Madrid protagonizaron en Ipurua el 31 de enero de 2015.

Más agua que nunca

Sobran los dedos de una mano para contar los partidos que se han jugado en Ipurua esta temporada sin la compañía de la lluvia. Se han dado además jornadas borrascosas tras las que se han recogido más de 1.600 litros por metro cuadrado, cuando lo normal es alcanzar los 2.000 a lo largo de todo el año. Y no hay sistema de drenaje que soporte semejante carga de trabajo. «Cuando llueve, el césped aguanta hasta un punto en el que ya no absorbe más. Y han sido meses de lluvia constante y días en los que se han llegado a recoger 50 litros por metro cuadrado. Es una barbaridad. Ante el Sevilla, a principios de febrero, el césped estaba al 40% de humedad, cuando lo normal es que esté entre un 20% o un 30%. Y así es normal que se sature».

Y el problema es que tampoco ha habido tregua alguna para poder meter las máquinas para oxigenar el terreno, porque «estaba demasiado blando». Pero afortunadamente, el Eibar ha tenido en las lámparas sus aliadas de excepción para evitar que Ipurua colapsara en el invierno más crudo. Ha sido, probablemente, el dinero mejor gastado. «Ha merecido la pena. Ha sido una buena compra. No solo porque el tepe aguanta, sino que ha propiciado que el aspecto del césped sea el mejor de los últimos años pese a haber padecido uno de los peores inviernos. Ha habido zonas concretas que sí hemos ido cambiando porque estaban algo desmejoradas, pero si no hubiera sido por las lámparas, lo habríamos pasado muy mal».

Controladas por ordenador

La utilización de estas lámparas está totalmente controlada por ordenador mediante un programa informático que incluye la firma holandesa que patenta estos focos. «Junto a los propios carros, la empresa distribuidora incluye un software que va tomando datos y nos van aconsejando sobre dónde y cuánto tiempo debemos tenerlos conectados», explica Unamuno. Una cámara analiza el estado del césped y en función de los parámetros de humedad y temperatura determina el tiempo de exposición que cada zona del césped precisa para su correcto mantenimiento.

Y hasta el momento, al menos, los calefactores han estado a pleno funcionamiento. «Desde que arrancó la temporada nos hemos visto obligados a mantenerlos encendidos las 24 horas del día, ya que además de la ingente cantidad de agua que ha caído hay que tener en cuenta que el sol ha estado muy bajo y el césped apenas ha recibido luz solar».

A medida que avance la primavera se irá reduciendo su uso, lo que también permitirá aligerar los costes de la factura eléctrica. «Es la factura a pagar por tener el clima que tenemos, pero insisto en que su compra ha sido una buena inversión».

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