SD Eibar

Un gran realista de corazón eibarrés

Juanito Beraza sostiene una camiseta de la Real en su bar, en donde también hay bufandas del Eibar./FÉLIX MORQUECHO
Juanito Beraza sostiene una camiseta de la Real en su bar, en donde también hay bufandas del Eibar. / FÉLIX MORQUECHO

Juanito Beraza, propietario del bar Manuel (Juanito), tiene el corazón dividido de cara al derbi. Donostiarra de 83 años, taquillero de la Real y del equipo armero, lleva 54 regentando un bar en Eibar, ciudad que ama tanto como a su equipo sin renunciar a su Real

LETIZIA GÓMEZEIBAR.

Juanito Beraza no necesita presentación alguna. Es toda una institución en Eibar. Todo el mundo sabe que le corre la sangre txuri-urdin por sus venas. Y tiene su razón de ser. Pese a que muchos crean que es 'eibartar peto petua', como se dice aquí, él nació en Donostia hace 83 años, aunque aterrizó aquí hace 54 años junto a su mujer, la ataundarra María Jesús Arratibel, «de la forma más tonta que te puedas imaginar». Ambos estaban preparando su inminente boda y volvían de Bilbao rumbo de nuevo a la capital guipuzcoana, cuando atravesando el corazón de la ciudad armera vieron el cartel de un bar que se traspasaba. Ahí nació el histórico bar Juanito de la calle Calbetón. Matrimonio, cambio de ciudad y apertura de un negocio, «todo en uno», gracias a que por aquel entonces tuvo que cruzar Eibar porque no había autopista. Luego llegarían sus cuatro hijos, dos chicos y dos chicas, y «muchos amigos, amigos de verdad».

Amante del fútbol y apasionado del ciclismo, hasta el punto de «pintar las rayas de la carretera cuando había carrera», se adaptó como un guante a su nuevo destino, y al poco de asentarse, se sacó el carnet del Eibar, cuando el cuadro armero militaba en Tercera (no existía la Segunda B), donde pasó 28 eternos años disputando hasta 14 promociones de ascenso. «Yo he estado en mi asiento de Ipurua cuando solo iban 500 personas», cuenta.

Pero nunca olvidó ni renegó de su amor por la Real Sociedad, de la que también es socio desde hace décadas. Lleva ya 41 años siendo uno de los taquilleros más importantes y entregados que el club txuri-urdin tiene repartidos por todo el territorio. «Desde que empecé han pasado por la presidencia Orbegozo, Alkiza, Uranga, Astiazaran, Badiola, Fuentes y Aperribay». No se olvida ni siquiera de María de la Peña, la primera y única mujer en ostentar el cargo, aunque fuera de manera interina tras el repentino cese de Fuentes.

Vendió entradas del Eibar durante 26 años y es un entregado taquillero de la Real

Pese a que la sangre tira mucho, «el Eibar está muy necesitado y me alegraría un empate»

En su bar, los colores azulgranas conviven en armonía con los distintivos blanquiazules. Tiene enmarcada una camiseta realista con su nombre y el número 4 que portó Xabi Alonso, regalo de Astiazaran, y junto a la bufanda y una txapela del Eibar, está la foto de cuando Aperribay y varios directivos de la Real le visitaron en su establecimiento hace un par de años. Seguro que la morcilla, la especialidad de la casa junto a una deliciosa tortilla de patata, les gustó tanto como recordar junto a él los gloriosos años de Atocha.

También vendió entradas para Ipurua durante 26 años. Recuerda con especial ilusión aquel enfrentamiento copero entre el Eibar y la Real en Ipurua en 1986, y no solo porque los donostiarras se proclamaron campeones después de eliminar a los armeros y ganar en la final al Atlético de Madrid, sino también porque en aquel partido en el que se reunieron más de 11.000 personas en el campo armero «Llegué a facturar 3.950.000 de pesetas en venta de entradas, un millón más de lo que se vendió en Ipurua», relata con satisfacción.

Guarda mil y una anécdotas, como la primera vez que se embarcó en un avión, invitado por el ex presidente azulgrana Juan Luis Mardaras para ir a presenciar un choque del Eibar en Mallorca. Y acto seguido le viene a la mente la reconversión del club armero en sociedad anónima, y justifica por qué fue el Athletic y no la Real la que ayudó a completar los 66 millones (400.000 euros) del capital necesario. «La Real por entonces no tenía una peseta, no es que no quisiera ayudar, es que no podía», afirma.

El Eibar, más necesitado

La amistad con el ex mandatario perduró, aunque para entonces, ya había formado la peña Eibarko Errealzaleak, con sede en su bar, ahora llamado Manuel, después de que el 14 de mayo de 1996 tuviera que trasladarse a Urkizu debido a que el edificio en el que estaba enclavado el recordado Juanito fuera declarado en ruina económica. «Me querían cobrar 4.000 pesetas por el cambio de nombre, así que dejé el que tenía por la fama de las chuletas que vendían y estoy encantado aquí, una zona euskalzale y muy familiar, aunque yo sigo viviendo en Calbetón».

Ni él ni sus cuatro hijos, de los que dice «estar orgullosísimo», se pierden un solo partido de su Real, aunque admite que «hace tiempo que me jubilé de Anoeta». Tiene el corazón más dividido que nunca de cara al derbi del domingo. La sangre tira mucho y en condiciones normales siempre quiere que gane su Real, pero «el Eibar está muy necesitado, así que con un empate me quedaría muy satisfecho».

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