SD Eibar

No pudo con el juego estático

Charles, Lombán y Diop se disponen a rematar un saque de esquina defendidos por Bóveda, Albentosa y Sidnei ayer en Riazor./MONCHO FUENTES
Charles, Lombán y Diop se disponen a rematar un saque de esquina defendidos por Bóveda, Albentosa y Sidnei ayer en Riazor. / MONCHO FUENTES

Al Eibar le faltó más velocidad en la circulación de balón para doblegar a un Dépor con un jugador menos

J. A. REMENTERIA

Un empate que supo a poco, que evidenció la falta de lucidez del Eibar cuando el partido le obliga a generar creatividad. Fue una demostración palpable en una segunda mitad de un monólogo sin profundidad del Eibar ante un Dépor que se dedicó a esperar, con un muro delante de su portería. En aquel partido en el que el juego es de ida y vuelta, el Eibar lo domina con gran maestría, pero al revés no. El Dépor, a falta de siete minutos para irse al descanso se quedó con uno menos tras la expulsión de su portero Koval por una entrada a Jordán, previo error en la toma de decisión de su central Albentosa.

Esta circunstancia cambió el rumbo del partido, entró en otra dimensión. Toda la segunda mitad fue del Eibar. La tuvo controlada sin hacer daño, sin percusión alguna, sin ocasiones, salvo un tiro de Inui que obligó a Rubén a una buena intervención. La consigna de Seedorf fue mantenerse firmes atrás, cerrar bandas y sorprender a la contra. El Eibar llevó la iniciativa con una lenta circulación de balón que no inquietaba, se prodigó en cambios de orientación pero sin resolución. No tuvo juego interior, en estos casos se necesita un centro del campo que imprima velocidad en sus decisiones, que tenga capacidad de desequilibrio, pero en el caso del Eibar todo fue previsible. Conclusión; que el juego estático se les atraganta a los hombres de Mendilibar que no tienen ese juego interior cuando el rival les cierra las bandas. El Eibar está diseñado para un juego exterior rápido y sorprendente, con llegadas letales, ante un equipo que juega abierto.

Me quedó la duda de qué habría pasado si Orellana no se hubiera lesionado, unas molestias musculares hacia el minuto veinte de la primera mitad le obligaron a retirarse. Lástima. Le eché en falta, le considero al único jugador capaz del Eibar con talento suficiente para romper un planteamiento como el que hizo el banquillo coruñés tras el descanso. El chileno tiene juego por dentro, es habilidoso y, en estos momentos, se necesita de un elemento con ese perfil. Orellana puede hacerlo porque reúne todas la condiciones para tal fin. El Eibar no hizo ninguna falta al borde del área en toda la segunda mitad, valga este dato.

Mendilibar buscó con la salida de Alejo romper en banda, tuvo amagos, sin más. Tampoco la presencia de Pedro León ante la lesión de Orellana aportó el grado necesario para desequilibrar. Hubo partido realmente en la primera mitad, con una salida del Dépor en busca del gol que en cinco minutos generó dos ocasiones que Dmitrovic estuvo pletórico y providencial. El Dépor entre el portero armero y dos palos, perdonó. Y quien perdona, la paga, al menos en el fútbol existe esta máxima.

El Eibar se adelantó por mediación de Inui. La incredulidad se adueño de Riazor, pero Andone consiguió marcar tras rematar de cabeza un pase de Adrián, aunque con la fortuna que tras pegar el balón en el poste el rebote fue a parar al cuerpo de Dimitrovic para introducirlo en la red. Los primeros minutos del Eibar fueron desconcertantes, no pudo frenar a Çolak y Adrián, ambos convertidos en directores de orquesta, trajeron de cabeza a los armeros. El Dépor buscaba la espalda de los centrales y laterales, no le fue mal porque generó mucho peligro. El partido estuvo marcado por la expulsión de Koval, la lesión de Orellana y con una segunda mitad que evidenció la falta de frescura del Eibar cuando le toca romper el juego estático de rival.

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