SD Eibar

Una sangría armera que no cesa

Una sangría armera que no cesa

Un Eibar resquebrajado atrás e inocuo en ataque sufre en Villarreal su tercera goleada en contra consecutiva

LETIZIA GÓMEZ

El Eibar ha perdido su brújula y no es capaz de encontar el norte. Se abrió camino hasta Villarreal tratando de dar con la solución a sus problemas, pero lejos de conseguirlo dejó patente que, por mucho que estén casi los mismos que el año pasado llegaron a pelear por ir a Europa, este equipo no se parece nada a ese grupo intenso, valiente y resolutivo que tantas alegrías propició en el pasado ejercicio.

Los rivales ya no tienen que buscar los puntos débiles. El propio cuadro azulgrana se los enseña. Y en cuanto el Villarreal supo aprovechar la fragilidad moral y defensiva, los eibarreses se resquebrajaron por completo. Se les fue la vida al primer empujón y ni siquiera le quedó el recurso del alma para tratar de buscar un impulso que le diera fuerzas para seguir luchando.

Tiembla cada vez que el contrario se acerca a su área y tampoco muestra capacidad para competir, y sin ninguna arma que empuñar es imposible hacer frente a ejércitos tan bien surtidos como el castellonense, que resolvió buena parte de sus problemas a costa de un Eibar que va amontonando goleadas con una preocupante facilidad.

Retornó de vacío, desmoralizado, con 15 días por delante viéndose en puestos de descenso y sabiéndose el equipo más goleado del campeonato con los mismos 17 goles que ha recibido la Real, pero con la diferencia de que en lugar de marcar otros 17 solo ha sido capaz de anotar tres.

No se ven soluciones a corto plazo, porque algunos de los jugadores con más posibilidades de aportarlas no están en condiciones físicas de ayudar y en algunos casos tampoco se les espera, pero si algo no puede hacer el Eibar es arrojar la toalla. El cuerpo técnico y los propios futbolistas tienen dos semanas por delante para reflexionar y encontrar la fuerza necesaria para que cuando se reanude el campeonato el próximo 15 de octubre ante el Deportivo en Ipurua, el equipo azulgrana le demuestre a su afición que está preparado para sufrir y para detener esta sangría que no cesa.

Revolución infructuosa

Mendilibar entendió que para tratar de cortar en seco la dinámica derrotista en la que había caído el equipo necesitaba dar un golpe de efecto en su propio vestuario. Así como los delanteros nutren su confianza a base de goles, el ánimo de los zagueros también se puede ver afectado si, como en este caso, te cuelan 10 goles en solo dos partidos. Si fue por eso o no, el caso es que el técnico armero volteó casi por completo su línea defensiva, salvando únicamente a Capa de entre los cuatro que partieron de inicio ante el Celta y que fueron los grandes señalados por la descorazonadora goleada sufrida ante su afición.

Fue tan revolucionario que, pese a que además de Ramis también le faltaba Gálvez, dejó fuera a Paulo Oliveira para darle a David Lombán la oportunidad de estrenarse como azulgrana, pero también la responsabilidad de demostrar en un partido cargado de necesidad el porqué de su fichaje a última hora.

También resultó novedoso aunque bastante más previsible que el de Zaldibar otorgara a Arbilla los galones en el centro de la defensa junto al debutante asturiano. Había que frenar la sangría como fuera y para ello confió en la veteranía y experiencia de dos jugadores que acumulan muchos años y muchos partidos en Primera. La revuelta que el jefe del banquillo puso en práctica en su retaguardia se completó con una predecible vuelta al equipo de Juncà en detrimento de un Cote muy intermitente en ese arranque liguero.

Algo más sutiles fueron las nuevas pinceladas que introdujo en la zona delantera. Después de varias probaturas sin demasiado éxito para dar con el extremo que haga olvidar que Pedro León e Iván Alejo no están para jugar, el preparador armero recurrió al plan A que ideó y que sí dio resultado en Málaga. Sacó al persistente pero hasta ahora poco afortunado Rubén Peña y arriba se decantó por el dúo Kike-Enrich, dejando a Charles en la caseta. No hubo que esperar demasiado para saber qué saldría de este experimento tan innovador como arriesgado. Cualquiera que fuera el plan que Mendilibar tenía en mente, no funcionó. Desde el mismo momento en el que el conjunto castellonense tocó el balón se vio que tenía más recursos y muchas más ideas que un Eibar desnortado que no era capaz de enlazar tres pases seguidos.

En cambio, al Villarreal le bastó con hilvanar una gran jugada para meter el miedo a su rival en su primera llegada y otra más instantes después para demostrar que la inseguridad defensiva del Eibar es un problema de base, más que de nombres concretos.

Entregado y sin convicción

El equipo al completo carece de convicción para hacer daño arriba, a donde no llega ni un balón que sus dos delanteros puedan rematar, ni para evitar que se los metan. Está desnortado. Sin intensidad, sin fuerza y lo peor, parece que sin ilusión. Las apariencias dejaron paso a la realidad cuando a los 25 minutos de juego Trigueros filtró un pase entre los inéditos centrales que Bakambu resolvió con una vaselina ante una salida sin ninguna fe de Dmitrovic. Viendo a un Eibar que no había conseguido pasar del centro del campo, la esperanza de salir con algo positivo que llenarse la boca se esfumó en ese preciso instante y eso se reveló también en los semblantes de los jugadores armeros.

De hecho, una vez más el mejor, o más bien el único que se salvó de la quema fue Dmitrovic y eso pese a que en la segunda mitad le cayeron otros dos goles que certificaron que el Eibar está pasando por su peor momento anímico y de juego de los últimos años. El meta serbio realizó hasta cuatro paradas de mérito pero acabó totalmente desesperado por otra goleada. Pese a evitar que el submarino amarillo se hubiera retirado al descanso con un 4-0 a su favor, tuvo que digerir que Bakambu le volviera a superar a los pocos minutos de la reanudación y de nuevo ya en la recta final tras un penalti cometido por Arbilla por un derribo sobre Samu Castillejo que el congoleño se encargó de transformar para firmar un ‘hat trick’ que demolió la autoestima azulgrana.

3 Villarreal

Barbosa, Mario Gaspar, Álvaro, Víctor Ruiz, Jaume Costa; Rodri, Trigueros (Soriano, m.73), Castillejo (Ramiro, m.82), Fornals; Bakambú y Sansone (Bacca, m.65).

0 Eibar

Dmitrovic, Capa, Lombán, Arbilla, Juncà; Rubén Peña (Jordán, m.77), Escalante (Ribera, m.82), D. García, Inui; Enrich y Kike García (Charles, m.67)

GOLES
1-0, m.25: Bakambu. 2-0, m.52: Bakambú. 3-0, m.76: Bakambú, de penalti.
ÁRBITRO
Melero López (C. Andaluz). Amonestó por el Villarreal a Rodr y Álvaro, y por el Eibar a García.
ÁRBITRO
Partido correspondiente a la séptima jornada de LaLiga Santander disputado en el estadio de La Cerámica

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