S.D. Eibar

Inquietante naufragio defensivo

Inquietante naufragio defensivo
EFE

Un Eibar sin acierto ni suerte arriba se desmoronó por completo ante un Celta que le sacó los colores atrás

LETIZIA GÓMEZ

Lo que debía ser un intento de recomponer la moral tras la media docena de goles recibida en el Camp Nou, terminó siendo la certificación de que el Eibar está metido en serios problemas. La fuerza de este equipo debe residir en su fortaleza colectiva a la hora de defender y los 14 tantos que ya acumula en su contra reflejan una debilidad que empieza a generar cierta ansiedad. Ipurua no está siendo el fortín que el equipo armero necesita para subsistir en esta categoría y, aunque la victoria por la mínima ante el Leganés devolvió la esperanza y la ilusión a la grada, ayer quedó grabada la mayor derrota sufrida en casa después de la que el año pasado le infligió el Barcelona, y quizás la más dolorosa por la imagen de impotencia que se llevaron a su casa los más de 5.000 seguidores eibarreses.

Esta vez no faltó ni el sol en Ipurua. Después de dos partidos consecutivos disputados en un ambiente más invernal que veraniego, tuvo que llegar el otoño para que por fin se pudiera acudir al estadio en manga corta. La agradable temperatura se integró como uno más en el espectacular ambiente que generó la quedada entre las peñas eibarresas y las celtiñas, un cita que se está convirtiendo en toda una tradición cada vez que armeros y celestes se encuentran en el camino. Es tal la amistad que hay entre las dos hinchadas, en algunos casos compuestas por gallegos que residen en la ciudad armera e inmediaciones, que las calles eibarresas parecían el escenario previo a un derbi.

Y por eso mismo sorprende y decepciona aún más si cabe que haya ciertas personas que busquen boicotear lo que para el resto es una celebración, ya que de madrugada se produjo una pelea en la que había seguidores de otros equipos que no eran ni el Eibar y el Celta. Se autoinvitaron a una fiesta que no era la suya, pero no la reventaron.

De eso ya se encargó el cuadro celeste aprovechando al máximo la pasmosa debilidad defensiva que el equipo de Mendilibar mostró desde el mismo momento en el que los gallegos asomaron por el área. Lo grave no es que un equipo como el Celta, capaz de ponerle en aprietos a equipos muy poderosos de este campeonato, te marque tres goles antes de llegar al descanso, lo verdaderamente preocupante, lo que provocó la gran frustración de los seguidores armeros fue la facilidad con la que los consiguieron.

Y eso que el once con tintes de ambición que puso en liza el técnico y los incisivos minutos iniciales no hacían presenciar el naufragio que sufrió el equipo azulgrana en su propio puerto.

Resquebrajados atrás

Uno se puede quedar con que mientras que a la escuadra azulgrana la suerte le dio la espalda tras estrellar un remate en el poste y que otros dos se le marcharan desviados por milímetros, los celestes agujerearan la portería local cada vez que lo intentaron.

Ya en su primera tentativa dejaron en evidencia lo mucho que queda por pulir en materia defensiva. El Eibar trató de forzar el fuera de juego en una falta colgada al área y el equipo de Unzué les cogió con el carrito del helado. Hasta tres de sus jugadores rompieron la línea, pero fue Cabral el que peinó hacia atrás con toda la comodidad del mundo porque no había nadie quien le cubriera a dos metros a la redonda. Es cierto que la falta que precedió al tanto fue muy dudosa y muy protestada por los armeros, pero eso no justifica el desastre posterior.

Y lo peor es que no fue el único. Pocos instantes después de que Charles se quedara a un palmo de conseguir el empate, Ipurua vivió un auténtico ‘déjà vu’ con otro lanzamiento de falta casi idéntico que se volvió a colar en la portería azulgrana sin que esta vez nadie tuviera que tocarla. Mientras Pablo Hernández celebraba un gol que ni él mismo esperaba, la afición local no daba crédito a lo que veía.

Con todos los enseres perdidos, los armeros al menos lucharon por no terminar hundidos en el fondo del mar, pero les volvió a faltar otro de los aspectos básicos para sumar puntos, el acierto. Cuando un remate de Oliveira salió rebotado por el poste cuando casi todo Ipurua estaba ya entonando el gol la desilusión fue inevitable. Cuando el disparo de Kike García se fue fuera en lugar de colarse dentro la desmoralización parecía venir ya para quedarse, pero lo que de verdad acabó con cualquier atisbo de esperanza fue la parsimonia con la que se le permitió volear a Pablo Hernández un córner posterior a un disparo que Dmitrovic repelió como pudo.

Agonía interminable

Ni siquiera la entrada de Enrich por Inui cuando solo habían transcurrido 37 minutos de juego pudo corregir el desaguisado. El boquete era demasiado grande como para aspirar a una remontada disfrazada de épica, pero lo menos que se podía pedir en la segunda mitad era ver al Eibar tirar de amor propio para decirle a su afición que solo fue un accidente, que son básicamente los mismos que el año pasado lograron una meritoria décima posición y que con el trabajo diario se irá viendo que, como apuntó Dani García al término del partido ante el Barcelona hay cimientos y que hay que confiar en el equipo.

No es que el Eibar no se dejara el alma en el campo, es que no la tuvo. Golpeado ante su propia gente, los armeros no encontraron fuerzas ni para maquillar el resultado. Al contrario. Los cambios que introdujo Mendilibar al poco de comenzar, dando entrada a Juncà en lugar de Cote y a Joan Jordán por Charles, no tuvieron ni un efecto visible, salvo por el hecho de que el centro que originó el cuarto y definitivo tanto del Celta, llegó por la derecha a cargo de Hugo Mallo. Y para variar, Wass tampoco encontró oposición alguna para batir de nuevo a un desolado Dmitrovic.

Ipurua se fue vaciando antes del pitido final. Fue la única forma que muchos encontraron para poner fin a una agonía que se hizo interminable. Y lo que queda por venir. El domingo hay que visitar a un Villarreal herido en su orgullo tras el 0-4 que sufrió en Getafe, y después del parón recibirá a un Deportivo que también está viviendo un preocupante inicio. Toca apretar los dientes y sufrir unidos, como en otras ocasiones se ha disfrutado juntos.

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