El Eibar deja algo más que la séptima plaza en Vigo

Remate de Paulo André Rodrigues de Oliveira durante el partido. /EFE
Remate de Paulo André Rodrigues de Oliveira durante el partido. / EFE

La falta de acierto arriba y de contundencia atrás en una mala segunda parte condenan al Eibar a otra derrota

LETIZIA GÓMEZ

Se atragantó la hora del aperitivo en Balaídos. El gas que dejó escapar tras descorchar la botella en la primera mitad se evaporó al llegar el descanso y, sin burbujas, el espumoso resultó amargo. El Eibar dejó de ser el Eibar en la segunda mitad y el Celta se lo comió de dos bocados, comandados por un Iago Aspas pletórico al que cada día sorprende más no ver vistiendo la camiseta de uno de esos equipos de otra galaxia.

Él fue quien abrió el marcador, el que dio origen al segundo y el que dominó de cabo a rabo el juego en la segunda mitad, impidiendo que los armeros desplegaran el suyo como sí lo habían hecho en la primera, en la que perdonaron ocasiones tan claras como las que sí concretaron los arietes celestes.

Ahí radicó la gran diferencia. Entre Aspas y Maxi Gómez, autor del segundo y definitivo tanto, acumulan la friolera de 30 goles, solo dos menos de los que llevan todos los azulgranas juntos. Jordán, Paulo Oliveira, Kike García y, sobre todo, Inui en dos ocasiones flagrantes, también vieron cómo la puerta del Celta estaba abierta para ellos, pero ninguno fue capaz de batir a Rubén Blanco.

Al igual que ante el Barcelona, la escuadra armera volvió a carecer del acierto que decide en los últimos metros, pero esta vez también faltó la capacidad para replegarse cuando fue necesario. Los errores en el centro del campo dejaron vendida a la defensa azulgrana, que se vio claramente superada por la mejor pareja de atacantes tras los inalcanzables Luis Suárez y Messi.

Pese a que la previsible derrota ante los culés ya se encargó de poner fin a la racha positiva de resultados, el revés en Vigo ha supuesto un impás en la buena dinámica de juego y la pérdida de la séptima plaza en beneficio precisamente de los celestes, que también se aseguran el gol average a favor que ya tenían bastante encaminado con el 0-4 de la ida en Ipurua. El saldo puede resultar aún más negativo, ya que los eibarreses podrían ser superados también por Getafe y Betis, que taparían parte del cartel que indica la dirección hacia Europa.

Es inevitable que esta segunda derrota consecutiva traiga al recuerdo lo ocurrido precisamente después de la goleada que les endosaron los vigueses en Ipurua justo después de perder 6-1 en el Camp Nou. Afortunadamente, este Eibar no tiene nada que ver con aquel que apenas inquietaba y al que le marcaban cada vez que le llegaban.

Simplemente tuvo un mal día en la oficina y ni siquiera fue constante porque en la primera mitad sí se reconoció al Eibar de siempre, el que presiona y el que busca la portería contraria a la mínima ocasión que se le presenta. Le faltaban Orellana y Dani García, dos de los jugadores en mejor forma del equipo, y aunque hasta ahora no se había extrañado a los que no estaban, ayer sí se echaron de menos las incursiones del chileno y se echó en falta el poderío y el don de mando del capitán.

Y eso que en un principio pareció que solo se habían cambiado los cromos y que todo seguía igual, porque el Eibar salió como siempre, directo al cuello del rival. Fue precisamente Joan Jordán, el elegido para cubrir la baja del de Zumarraga, ‘tocado’ debido un leve esguince de rodilla, el primero que sacó el altavoz en Balaídos para avisar que al equipo eibarrés no le había afectado en absoluto caer con dignidad a manos del Barcelona. Pero lo cierto es que su remate a la media vuelta fue el único que llegó a ir entre los tres palos, porque los del resto, incluido el de Charles tras el rechace del meta Rubén Blanco, acabaron en la grada.

Otra mano invisible

El Eibar mandaba, incomodaba y provocaba murmullos entre la afición viguesa, que se tapó los ojos cuando el balón impactó claramente en la mano de Lobotka dentro del área local. Le dio la vuelta completa al brazo, pero allí nadie con silbato señaló nada, como tampoco se vio la semana anterior la mano de Umtiti. Pero esas solo se las pitan al Eibar en contra, como cuando el Sevilla logró maquillar la goleada con un penalti por una mano de Dani que más pegada al cuerpo no podía tener. Ni ganas de protestar quedan.

2 Celta

Rubén Blanco; Hugo Mallo, Cabral (Rocanglia, min.87), Sergi Gómez, Jonny; Wass, Lobotka, Radoja (Hernández, min.65), Pione Sisto (Emre Mor, min.46); Iago Aspas, Maxi Gómez.

0 Eibar

Dmitrovic; Rubén Peña (Capa, min.72), Paulo, Arbilla, Cote; Alejo (Pedro León, min.60), Pape Diop, Jordan, Inui; Kike García, Charles.

Goles:
1-0. Min.56: Iago Aspas; 2-0. Min.79: Maxi Gómez.
Árbitro:
Del Cerro Grande (colegio madrileño). Amonestó a Cabral, Radoja, por parte del Celta de Vigo; y a Pape Diop, Jose Ángel y Paulo, del lado del Eibar.
Incidencias:
Partido correspondiente a la vigésimo quinta jornada de la Liga Santander, disputado en el estadio municipal de Balaídos ante 15.383 espectadores.

El Celta también fue regalando a los suyos un par de buenas arrancadas en las que demostró que a calidad arriba le ganan pocos, pero era el Eibar el que más ponía y el que más quería. Pero el balón no quiso entrar, ni en un cabezazo picado de Paulo que se fue fuera ajustado al palo izquierdo ni cuando Inui remató al cielo un centro de Cote que le había dejado solo delante de una portería abierta por completo para él.

La segunda mitad también prometió alegrías, ya que comenzó con un centro de Alejo a la frontal del área que Kike García no logró contactar bien con todo a su favor, aunque también es cierto que fue de lo poco que aportó el extremo pucelano, que después pagó el pato del primer tanto celtiña, que llegó precisamente por su banda. No estuvo fino en ataque y tampoco a la hora de presionar a Emre Mor para que no pudiera sacar el centro que Iago Aspas coló en la portería azulgrana tras tomarle la delantera a Arbilla.

Reaparición de Pedro León

Poco después de ese gol que a la postre rompió el partido fue cuando se produjo el retorno a los terrenos de juego de Pedro León, al que no se le podía pedir que fuera el gran revulsivo después de nueve largos meses sin jugar. No lo fue ni él ni Capa, que salió poco después y demostró por qué ha perdido su plaza en el once.

Pese a que el Eibar no carburaba como acostumbra, Inui llegó a tener de nuevo en sus botas la oportunidad de equilibrar el marcador, pero para desesperación de toda la familia azulgrana, la volvió a mandar a la grada.

No falló, en cambio, Sergi Gómez, al que se le anuló su gol de fuerte testarazo por un fuera de juego bastante riguroso, ni tampoco desperdició su ocasión Maxi Gómez en una acción que se inició con una combinación de tiralíneas entre Aspas y Hugo Mallo y un remate inapelable del delantero uruguayo.

Arbilla tuvo que esmerarse incluso para evitar un tercer tanto que habría agrandado la herida que el Eibar se trae de Vigo. En tres días tiene la opción de redimirse.

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