S.D. Eibar

«Si se daña al vestuario, ya estoy yo para levantarlo»

Dani García controla un balón durante un entrenamiento. /MORQUECHO
Dani García controla un balón durante un entrenamiento. / MORQUECHO

Dani García ejerce su rol de capitán y afirma que «los resultados llegarán»

LETIZIA GÓMEZEIBAR

. El Eibar atraviesa por uno de sus momentos más delicados desde que llegó a Primera. Las dos goleadas consecutivas sufridas ante el Barcelona y el Celta han certificado su peor arranque de temporada y, por lo que se desprende del demoledor parte médico que el club dio a conocer el lunes, el equipo seguirá teniendo a varios de sus mejores efectivos en la enfermería durante buena parte del calendario de los próximos meses. Y pese a todo, el vestuario azulgrana se siente reconfortado después de ver como gran parte de su masa social se quedó en su localidad de Ipurua para transmitir su apoyo y cariño.

Son varios los jugadores que han querido agradecer un gesto que les reporta fuerzas cuando más las necesitan, aunque el capitán azulgrana ha salido a la palestra para asegurar que la plantilla sigue en pie y unida. «Los jugadores no están moralmente afectados», señaló Dani García en unas declaraciones concedidas a Radio Euskadi. Lógicamente, lamenta que los resultados no estén siendo los esperados, pero insiste en que «con un vestuario fuerte como el nuestro se puede encajar todo. Sabemos que hay que trabajar más y que los resultados ya llegarán».

Entiende que no se pueden encender las alarmas cuando tan solo han transcurrido seis jornadas del campeonato. «No se termina el mundo por dos resultados», destaca el de Zumarraga, que quiere dejar claro que «nada hará daño a este vestuario», pero que «si es así si ya estoy yo para levantarles»

«Un vestuario fuerte como el nuestro puede encajar de todo», asegura el de Zumarraga

«Nos hemos acostumbrado a empezar siempre bien, cuando no es lo normal»

Asume la responsabilidad que le confieren sus galones para mantener al grupo unido, pero también para «aprender» las lecciones que han dejado los últimos compromisos. Sin embargo, también tiene claro que quizás este inicio de campaña se ajuste más a la realidad que los vividos en ejercicios anteriores. «Nos habíamos acostumbrado a empezar siempre bien, cuando resulta que no es lo normal».

Admite que ante el Celta «fue un querer y no poder» y que defender mal las jugadas a balón parado «nos ha pasado una cara factura», pero también indica que esos errores se corrigen con mecanismos que se van adquiriendo con el trabajo diario, al tiempo que recuerda que la defensa ha sido la línea que más cambios ha sufrido a lo largo del verano.

Se buscan culpables

Y por eso mismo, cuesta entender y aceptar algunas críticas que ha surgido no en caliente tras el 0-4, sino una vez madurado el resultado en un partido en el que al equipo azulgrana le salió todo mal. Las derrotas duelen igual en todas partes, pero los reproches y la búsqueda de responsabilidad no tienen la misma cabida en todos los sitios. Hasta ayer, el Eibar era un modelo a seguir, tanto en su gestión económica como por sus logros en su parcela deportiva, y hoy solo seis jornadas después, ya hay quien busque culpables porque un club que multiplica por 20 el presupuesto de los armeros y porque otro que lo duplica han dejado en evidencia unas carencias que se pueden corregir con trabajo y paciencia.

Para los armeros es momento de unir fuerzas y de sobrellevar juntos los reveses, así como se han disfrutado juntos todos los éxitos cosechados hasta ahora, sin olvidar que solo se han consumido seis jornadas y que el Eibar ni siquiera está inmerso en los puestos de descenso.

Pero por lo que se ve, la psicósis colectiva se está convirtiendo en una especie de epidemia. Solo así se puede entender que el Alavés despidiera a su entrenador tras cuatro partidos, que el Villarral, próximo rival de los armeros, haya cesado al suyo después de seis jornadas, y que el técnico del Las Palmas dimita porque se siente «desubicado».

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