SD Eibar

Con el Barça no vale solo voluntad

Paulinho trata de robarle el esférico a Pape Diop, ayer en Ipurua, ante la presencia de Messi, Arbilla y Umtiti./MORQUECHO
Paulinho trata de robarle el esférico a Pape Diop, ayer en Ipurua, ante la presencia de Messi, Arbilla y Umtiti. / MORQUECHO

El minuto 65, con la expulsión de Orellana, marca un antes y un después; el Eibar apretó al líder

J.A. REMENTERIA

Hubo un minuto que fue fatídico para el Eibar, el 65, la decisión del colegiado canario Hernández Hernández de expulsar a Orellana por doble amarilla fue crucial, marcó un antes y un después. El chileno protestó una cartulina a Diop en una disputa con Busquets y vio la segunda por protestar, lo que generó la exasperación hacia el trencilla internacional, pero también la reprimenda de Mendilibar para su jugador cuando enfilaba el pasillo del vestuario. Cuatro minutos después el propio técnico fue expulsado por reclamar, airadamente, una falta. Fueron minutos de mucha tensión con la sensación de que el árbitro se estaba 'cargando' el partido y que la peor parte se la estaba llevando el Eibar. Cuando mejor estaba, cuando apretaba al Barça, cuando se veía al líder desbordado llegó la puntilla del colegiado. No es la primera vez que Hernández Hernández genera un malestar generalizado en el colectivo armero cuando dirige un Eibar-Barcelona o viceversa. El Barcelona no necesita de ninguna 'ayuda' cuando tiene ante sí a un modesto como el Eibar.

Al margen del colegiado, el Eibar hizo un gran partido, plantó cara, dio guerra e hizo disfrutar a una afición que le tributó una sonora despedida, un reconocimiento en toda regla. Y hablando de reconocimientos, destacar la despedida a Iniesta en el momento de ser reemplazado por Coutinho. Un gesto que engrandece a la afición armera. Mendilibar salió de inicio con un 4-2-3-1, dejó el 4-4-2 retomado en plena reacción ascendente tras jornadas sin exacta definición que coincidió paralelamente en las peores jornadas de la temporada. Jugó con Kike García en punta, dejó en el banquillo a Charles, sacrificó al delantero brasileño y colocó de media punta a Jordán. Trató de obstaculizar el juego interior del Barça y surtió efecto porque Busquets apenas brilló, ni Rakitic, ambos se sentían incómodos.

La presión del Eibar generó incomodidad en el Barça. Pero si por algo se caracterizan los culés es por su genialidad. Iniesta y Messi son auténticos maestros, sus asistencias llevan veneno, son letales. Un pase sideral de Messi acabó en gol de Luis Suárez y otro de Iniesta a punto estuvo de subir. La plástica del fútbol ante la férrea voluntad; bien pudiera tratarse de una obra teatral que se vio en Ipurua. El Eibar cercó, gozó de alguna que otra ocasión en el primer tiempo. Recordar la de Orellana, que salió por encima de la portería.

El Eibar puso énfasis, entró por la banda de Orellana, buscó la contra, pero el Barça aguantó, encimaba con maestría para desbaratar cualquier acercamiento a su portería. Me fui de Ipurua con la sensación y creo que, como yo, muchos, de que el Barcelona, con poco se llevó los tres puntos. Le bastaron dos pinceladas, le fueron suficientes. Es la primera vez que Messi no marca al Eibar. Gran parte de culpa la tuvo Dmitrovic, que estuvo atento en los impulsos del argentino. Le respondió con la precisión que se debe, especialmente en un sombrero y en la jugada del gol de Jordi Alba. Aguantó al astro argentino pero el rechace lo aprovechó el lateral zurdo para colocar el cero a dos. Messi pasó desapercibido en la segunda parte, surgió en el minuto 79 en un pase interior a Countinho, intervino cuando quiso, se ausentó a la espera de que le llegara un balón, pero de sus botas salió peligro. Los de Mendilibar lo dieron todo ante un rival de otro mundo, que controla, que sabe marcar los tiempos y cuya calidad es difícil de contrarrestar. Ante el Barça no solo vale la voluntad.

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